
En el Parlamento de Andalucía se desató un intenso debate: el presidente autonómico, Juan Manuel Moreno, quedó en el centro de las críticas por parte de la oposición. El principal tema fue la ausencia de María Jesús Montero, primera vicepresidenta y candidata socialista a la presidencia de la región, en un debate político clave. Moreno reiteró que Montero no asistía a la discusión de cuestiones cruciales para Andalucía, mientras que ella se encontraba en Madrid ocupándose del presupuesto estatal y de la reforma del sistema de financiación autonómica.
Al mismo tiempo, Montero participaba en la ceremonia de entrega de los Premios Menina Andalucía 2025 en Lebrija, donde pronunció un discurso que abordó la reciente detención del exsecretario de Organización José Luis Ábalos. Su ausencia en el debate generó desconcierto no solo entre sus rivales políticos, sino también entre organizaciones sociales que esperaban conocer su postura sobre salud pública y corrupción.
Discrepancias internas y decisiones estratégicas
Dentro del propio Partido Socialista se reconoce que Montero está centrada en la elaboración del proyecto de presupuestos generales del Estado y en la propuesta de reforma del sistema de financiación autonómica. Sin embargo, ni siquiera dentro del partido existe la certeza de que estas iniciativas vayan a ser respaldadas. La cuestión de la llamada «financiación singular» para Cataluña y el principio de ordinalidad vuelve a convertirse en un punto de fricción. En 2018, tanto la propia Montero como el Parlamento andaluz se opusieron a ese enfoque, lo que ahora genera debates internos entre los socialistas.
Según representantes del partido, la decisión de mantener a Montero en Madrid fue colectiva y responde a una estrategia definida. No obstante, la ausencia de declaraciones públicas por su parte sobre las protestas masivas en defensa de la sanidad pública y la investigación sobre la compra de mascarillas en Almería está generando dudas entre activistas y analistas políticos.
Crisis de confianza y nuevos retos para el gobierno
Moreno, por su parte, no pierde la oportunidad de recalcar que la ausencia de Montero en el debate constituye una falta de respeto hacia la región. Sus intervenciones en el Parlamento han sido recibidas con aplausos de la bancada del Partido Popular. Sin embargo, el propio presidente de la autonomía enfrenta una creciente presión: la crisis de los cribados masivos en sanidad, el escándalo de corrupción por la compra de mascarillas y la citación judicial de una de sus consejeras están creando un complicado escenario político.
La oposición exige a Moreno respuestas claras y transparencia en la investigación de los casos de corrupción. Crece el descontento social por la calidad de los servicios sanitarios y la gestión de los fondos públicos. Las preguntas al Gobierno de Andalucía suenan cada vez más fuerte, y la ausencia de figuras clave en los actos públicos solo aumenta la tensión.
Incertidumbre política y expectativas
Se prevé que, en los próximos días, la presión sobre Moreno y su equipo siga en aumento. Los partidos de la oposición tienen la intención de exigir explicaciones sobre la ausencia de Montero y reclaman su implicación personal en el debate de los problemas más urgentes del territorio. Al mismo tiempo, dentro del propio Partido Socialista persisten los debates sobre la idoneidad de la estrategia elegida y sobre cómo responder a los retos relacionados con la financiación y los conflictos internos.
El escenario político en Andalucía sigue siendo inestable. Las dudas sobre el futuro de la sanidad pública, las investigaciones por corrupción y el papel de los principales dirigentes en la toma de decisiones se han convertido en el eje central para los habitantes de la región. Se espera que durante las próximas semanas estos asuntos dominen la agenda tanto en el Parlamento como en el debate público.












