
La magia artesanal reemplaza a un millón de luces
En busca del espíritu navideño, los viajeros cada vez más dejan de lado las rutas tradicionales hacia las grandes ciudades con su deslumbrante iluminación y enormes árboles de Navidad. Crece el interés por experiencias más auténticas y acogedoras, por lugares con una atmósfera única donde el espíritu navideño se siente realmente cálido. Así se ha transformado en los últimos años un pequeño pueblo de la provincia de Ourense, con solo 6.400 habitantes, convirtiéndose en una visita imprescindible para quienes buscan algo diferente. Su fama, transmitida de boca en boca, lo ha colocado entre los destinos festivos más especiales de España.
Este pueblo no pretende competir con Vigo en la magnitud de la iluminación. Su encanto reside en un enfoque completamente distinto: la idea de una celebración ecológica, artesanal y pensada hasta el último detalle. El casco histórico se transforma en un universo de cuento, donde la propia arquitectura medieval, el río Arnoia y la naturaleza circundante se convierten en los principales decorados. Los visitantes, que esperan encontrar una idílica tranquilidad provincial, terminan inmersos en una ruta sorprendente llena de sorpresas.
La filosofía de una celebración sostenible
Esta iniciativa nació en 2017, cuando el ayuntamiento decidió aplicar su filosofía de sostenibilidad a la organización de las celebraciones invernales. Desde entonces, absolutamente todos los elementos decorativos se crean a mano por empleados municipales y entusiastas locales. Aquí no hay espacio para la subcontratación, contratos millonarios de iluminación ni espectáculos de luces sincronizados. Al contrario, la ciudad se propuso demostrar que la creatividad y el reciclaje pueden generar emociones mucho más intensas que cualquier desfile de millones de bombillas.
El resultado es una ruta circular por los lugares emblemáticos del casco antiguo, que cada año luce un aspecto completamente nuevo. Ninguna instalación se repite; solo los materiales se mantienen, cobrando nueva vida en ideas frescas y creativas. Gracias a esto, incluso quienes repiten visita descubren algo totalmente diferente. En años anteriores se pudieron ver casitas diminutas, trenes, norias en miniatura, estaciones de esquí imaginarias y bosques mágicos habitados por gnomos y elfos. Todo ello construido con madera, tela, ramas y otros elementos vegetales.
Un viaje de cuento con sabor gallego
La ruta comienza a orillas del río Arnoia, donde se extiende la Plaza de Navidad. Es una especie de saludo invernal decorado en tonos blancos, con flores de pascua, arcos y casetas festivas. Desde aquí, tras cruzar el puente, los visitantes se adentran en el corazón de la ciudad, donde les espera uno de los rincones más populares: un mini-mundo habitado por hadas y espíritus del bosque. Ellos cuentan con sus propias casas en los árboles, un pequeño embarcadero, un lago diminuto, una cascada e incluso un tren en miniatura que recorre este paisaje.
La combinación de tradiciones gallegas y una estética artesanal también se refleja en los personajes. Por ejemplo, aquí se puede encontrar al Apalpador, el entrañable carbonero del folclore local que visita a los niños durante las fiestas. Su presencia aporta una dosis de identidad, alejando la escenografía de la iconografía globalizada y devolviendo el protagonismo a las raíces culturales, algo muy valorado por muchos visitantes. La experiencia se completa con pequeños eventos, mercadillos y la oportunidad de conocer el rico patrimonio de Allariz, que goza de la categoría de conjunto histórico-artístico. Iglesias románicas, ruinas medievales, castañares y calles empedradas coexisten de forma armoniosa con este universo hecho a mano, añadiendo un valioso matiz cultural al viaje.
Un fenómeno surgido de la comunidad
Quienes buscan una forma alternativa de celebrar encuentran en este lugar un refugio ideal. Aquí se respira creatividad, tradición y un fuerte sentido de comunidad que convierte cada rincón en una página de un manuscrito navideño. Por eso este pequeño pueblo gallego ha logrado lo que parecía imposible: revolucionar las redes sociales, atraer visitantes de toda España y consolidar su reputación como uno de los destinos invernales más deseados.












