
En septiembre de 1813, cuando Europa aún no se había recuperado del impacto tras el fracaso del ejército francés en Rusia, en Cataluña estalló una de las batallas más feroces y menos conocidas de las guerras napoleónicas. En las montañas cercanas a Barcelona, en la zona de Ordal, la noche se transformó en una auténtica pesadilla para miles de soldados. Nuevos hallazgos arqueológicos arrojan luz sobre los detalles escalofriantes de lo que ocurrió en ese campo de batalla, y estos descubrimientos pueden cambiar por completo la visión que se tiene de la guerra del siglo XIX.
Las tropas napoleónicas, debilitadas y exhaustas, se vieron obligadas a redistribuir fuerzas en otros frentes. Españoles y británicos aprovecharon la ocasión con la esperanza de recuperar el control de Barcelona. Pero en la noche del 12 al 13 de septiembre, el ejército francés lanzó un ataque sorpresa contra el campamento aliado. En la oscuridad, entre gritos y confusión, comenzó un combate cuerpo a cuerpo donde no había lugar para el honor ni la piedad. Los soldados de ambos bandos se lanzaban unos contra otros con las bayonetas caladas, y cuando se acababan las balas, convertían los fusiles en garrotes. Aquellos que aún podían moverse, reptaban por el suelo, perdiendo botones y jirones de ropa, intentando escapar de ese infierno.
Arqueología del horror
Hasta hace poco, la batalla de Ordal era conocida únicamente por escasas menciones en archivos militares. Pero ahora, tras el hallazgo de cientos de artefactos por parte de arqueólogos — botones con números de regimientos, balas deformadas, fragmentos de armas — ha quedado claro: aquí tuvo lugar una auténtica masacre. Los investigadores señalan que la mayoría de las balas no se dispararon, sino que cayeron de los cartucheras cuando los soldados caían o eran arrastrados fuera del campo de batalla. Botones arrancados durante la lucha se encontraban esparcidos por la tierra en gran cantidad, algo que no sucede con las bajas habituales en una marcha.
Una atención especial han recibido los detalles de los uniformes: los soldados de ambos ejércitos, agotados tras años de guerra, vestían tanto prendas militares como civiles, remendaban botas y abrigos con cualquier cosa a mano. En el caos de una batalla nocturna, era casi imposible distinguir al enemigo. Franceses, británicos, españoles, portugueses e incluso alemanes e italianos se mezclaron en una lucha sangrienta, donde cada uno peleaba por su vida.
Carnicería nocturna
El combate duró solo unas pocas horas, pero sus consecuencias se sintieron durante semanas. Los franceses superaban en número casi por tres a uno, y los aliados no resistieron el asalto. Los británicos se retiraron a Vilafranca del Penedès, donde la caballería francesa los alcanzó, mientras que los españoles huyeron hacia Sant Sadurní d’Anoia. En el campo quedaron cientos de cadáveres; los lugareños los estuvieron enterrando durante mucho tiempo, y muchos heridos jamás recibieron ayuda.
Los arqueólogos señalan que los objetos hallados en la cima del paso, desde fusiles rotos hasta balas deformadas, evidencian la extraordinaria brutalidad del combate cuerpo a cuerpo. Tanto oficiales como suboficiales, a juzgar por las balas de pistola encontradas, lucharon hasta la muerte. Toda la cima quedó cubierta de artefactos, como un reproche silencioso a los descendientes: aquí no hubo heroísmo, solo desesperación y miedo.
Consecuencias para la población civil
Tras la victoria, los franceses no se conformaron solo con los trofeos militares. Las aldeas que rodean Ordal sufrieron saqueos, incendios y violencia. Los habitantes buscaron refugio en los bosques y montañas, mientras que quienes se quedaron se convirtieron en víctimas de represalias. La guerra, a menudo idealizada, mostró aquí su verdadero rostro, mucho más aterrador de lo que suele creerse.
Hoy en día, un monumento se alza en el lugar de la batalla, pero pocos saben qué secretos guarda esta tierra. Los hallazgos arqueológicos no solo rescatan la memoria de víctimas olvidadas, sino que invitan a reflexionar: ¿cuántas historias similares esconde aún la tierra española y por qué se prefiere guardar silencio sobre ellas?











