
La decisión del gobierno de Galicia (Xunta de Galicia) de poner fin a la tramitación del proyecto de una gran planta de celulosa de Altri ha generado reacciones encontradas entre los habitantes y las organizaciones ecologistas. Para la región, esto implica no solo un alivio temporal, sino también nuevas preguntas sobre el futuro del desarrollo industrial y la protección ambiental. La cuestión de si el proyecto ha sido realmente descartado de manera definitiva permanece en el aire, lo que genera un clima de incertidumbre tanto para la población local como para el sector empresarial.
Preocupaciones jurídicas
El equipo legal de la plataforma Ulloa Viva, que se ha opuesto activamente a la construcción de la planta, considera que el anuncio de archivo del expediente no garantiza la renuncia definitiva al proyecto. Según ellos, el procedimiento de archivo de documentos seleccionado por las autoridades podría permitir a la empresa retomar la iniciativa pasados algunos años. Los abogados prevén utilizar todos los instrumentos jurídicos a su alcance para lograr el cierre total e irreversible del caso.
Causa especial inquietud el hecho de que la empresa Greenfiber, vinculada a la portuguesa Altri y al empresario Manuel García Pardo, sigue manteniendo permisos en vigor para la extracción de agua del embalse de Portodemouros (Portodemouros) y la autorización ambiental integrada. Además, desde marzo del año pasado, el proyecto cuenta con una evaluación de impacto ambiental favorable que tendrá validez durante otros seis años. Esta situación se percibe como una amenaza potencial para la región.
Postura de las autoridades y reacción social
El presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda, explicó que la decisión de archivar el proyecto se debe a la negativa de las autoridades centrales a conceder a Greenfiber el acceso a la red eléctrica necesario para el funcionamiento de la planta. Subrayó que, si la empresa encuentra una fuente de energía alternativa, el proceso de aprobación tendrá que empezar de nuevo. Además, Rueda rechazó las acusaciones sobre posibles compensaciones económicas y responsabilizó a los activistas de difundir información incorrecta.
Por otro lado, los representantes de Ulloa Viva señalan que la empresa aún dispone de tres meses para presentar alegaciones y que el propio proceso de archivo parece fruto de una estrecha colaboración entre las autoridades regionales y el sector empresarial. En el pasado, tanto el anterior presidente regional, Alberto Núñez Feijóo, como el actual gobierno, respaldaron el proyecto. La cuestión sobre la transparencia de los acuerdos entre la administración y los inversores sigue abierta: el memorando de entendimiento firmado anteriormente aún no ha sido publicado, pese a las demandas de los partidos de la oposición.
Riesgos medioambientales y sociales
El proyecto de la fábrica desató una ola de protestas entre residentes, pescadores y representantes del sector turístico. Las asociaciones locales temen que la puesta en marcha de la planta deteriore el estado del río Ulla y afecte negativamente al ecosistema de la ría de Arousa. También se opusieron organizaciones vinculadas a la ruta de peregrinación Camino de Santiago, así como agricultores y propietarios de alojamientos rurales. En cuatro años de conflicto, decenas de colectivos se sumaron al movimiento, convirtiendo las protestas en unas de las más multitudinarias de la región.
Las discrepancias internas sobre el proyecto alcanzaron incluso a las filas socialistas, lo que llevó finalmente a que el PSOE se negara a respaldar la construcción de la fábrica. Tampoco se aprobó la financiación de fondos europeos, y la solicitud para la construcción de la subestación eléctrica fue rechazada por el gobierno de Pedro Sánchez. Según informa El País, estas circunstancias resultaron decisivas para tomar la decisión de poner fin a la tramitación del proyecto.
Detalles ocultos y el futuro del proyecto
A pesar de la satisfacción entre los opositores a la fábrica, los miembros de Ulloa Viva advierten que no se debe bajar la guardia. Afirman que, mientras no se publique el memorando de entendimiento entre las autoridades y los inversores, existe el riesgo de que el proyecto pueda retomarse en el futuro. Exigen total transparencia y una renuncia definitiva a la construcción para evitar cualquier intento de reactivar el proceso.
Las cuestiones sobre la transparencia y la interacción entre las autoridades y las empresas cobran cada vez más relevancia en España. Situaciones similares ya han generado un gran revuelo público, como ocurrió con los escándalos relacionados con la presión electoral en Extremadura, donde también se debatieron temas sobre la influencia de los políticos en la toma de decisiones y la distribución de recursos.
En los últimos años, en España han surgido repetidos debates en torno a grandes proyectos industriales vinculados a riesgos medioambientales. Por ejemplo, en Cataluña y Andalucía, las comunidades locales han logrado cancelar la construcción de fábricas e infraestructuras por temor a la contaminación del agua y la preservación de los espacios naturales. En varias ocasiones, las protestas han llevado a la revisión de los planes o al endurecimiento de los requisitos medioambientales. Estas situaciones demuestran que la presión social y la transparencia en los procedimientos se han convertido en factores clave para la toma de decisiones sobre el desarrollo regional.












