
El Palacio El Capricho de Madrid, construido a finales del siglo XVIII por iniciativa de María Josefa Pimentel Téllez-Girón, duquesa de Osuna, se prepara para una nueva etapa en su historia. En 2027, el edificio pasará a formar parte de la red museística de la ciudad, abriendo al público general sus singulares interiores y exposiciones dedicadas a la historia de la finca, sus propietarios y el contexto cultural del Madrid de la Ilustración.
En su momento, el palacio fue un punto de encuentro para la nobleza y aristocracia española. Sus salones estuvieron decorados con obras de destacados artistas y los jardines circundantes marcaron tendencia en el desarrollo del paisajismo en España. La duquesa de Osuna, reconocida por su contribución a la cultura, adquirió la finca en 1783. Ya existía entonces una casa de campo con jardín, dependencias y terrenos agrícolas. Fue la duquesa junto a su esposo quienes impulsaron una ambiciosa remodelación y ampliación tanto del palacio como del parque.
Inspirada por las corrientes europeas, la duquesa decidió transformar el lugar siguiendo la moda de los jardines paisajísticos anglo-chinos. Para ello, contrató a reconocidos jardineros, entre los que destacaron Pablo Boutelou, Jean Baptiste Mulot y Pierre Provost. Este último dirigió las obras hasta 1810, cuando fue ejecutado por las tropas francesas en la propia Alameda de Osuna. Posteriormente, la decoración de los jardines fue continuada por el pintor y decorador Ángel María Tadei.
Desde el punto de vista arquitectónico, el palacio adoptó una nueva planta rectangular con torres en las esquinas, evocando la tradición de los antiguos alcázares españoles. En el interior se crearon amplios salones para recepciones, apartamentos independientes para el duque y la duquesa, así como espacios para el servicio y almacenamiento. Se prestó especial atención a la decoración: las paredes estaban ornamentadas con obras de Francisco de Goya, y los techos y suelos se realizaron con materiales raros y mosaicos.
En el siglo XIX, el palacio siguió siendo un centro de vida cultural, pero tras la muerte de la duquesa y la posterior ruina de la familia Osuna, la finca pasó por varios propietarios. A comienzos del siglo XX fue adquirida por el banquero Bauer, y durante la Guerra Civil el edificio se utilizó como cuartel general de los republicanos. En ese periodo se construyeron galerías y refugios subterráneos, que se conservan hasta nuestros días.
En 1974, la finca pasó a ser propiedad del Ayuntamiento de Madrid en un estado muy deteriorado. Las primeras labores de restauración se centraron en la recuperación de los jardines, que se abrieron completamente al público en 1999. Desde 2022 comenzó una profunda rehabilitación del propio palacio, que incluye la restauración de fachadas, cubiertas, salones históricos e instalación de equipamiento moderno para el futuro museo.
Como resultado de la restauración, los visitantes podrán apreciar los frescos restaurados en los despachos del duque y la duquesa, así como el suelo original del comedor de gala, inspirado en el famoso mosaico de Issos. Un lugar especial en la exposición ocupará el salón donde se celebraban los famosos bailes y mascaradas, además de las obras de Goya, como «El aquelarre» y «El conjuro».
La apertura del museo permitirá no solo conocer la arquitectura y el arte de los siglos XVIII y XIX, sino también descubrir más sobre la vida de la aristocracia española, el desarrollo del diseño paisajístico y las corrientes culturales de la Ilustración. En el futuro, el palacio El Capricho se convertirá en una parte importante del panorama cultural de Madrid, ofreciendo a los ciudadanos y visitantes una perspectiva única de la historia de la capital.












