
En Cataluña (Catalunya) se intensifica un conflicto que podría marcar el futuro de la agricultura regional. Los productores de pistacho de Urgell han decidido romper la colaboración con una gran empresa agroindustrial, apostando por condiciones más favorables y mayor autonomía. Esta decisión llega tras años de pérdidas y desilusiones por promesas incumplidas.
La situación afecta no solo la economía de familias individuales, sino también a todo el mercado de frutos secos en España. Los agricultores, enfrentados a pagos insuficientes, buscan ahora nuevas vías de comercialización para recuperar el control de sus ingresos. Su iniciativa puede convertirse en ejemplo para otras regiones donde el campo también muestra descontento frente a las grandes compañías.
Ruptura con el pasado
Hace casi diez años, la empresa Grupo Borges impulsó activamente el cultivo de pistacho en Urgell, aprovechando nuevas infraestructuras de riego. En ese momento, los agricultores confiaron en su potencial e invirtieron sumas importantes en el desarrollo de plantaciones. Sin embargo, con el tiempo quedó claro que los beneficios prometidos no se materializaron. Los pagos por cosecha resultaron tan bajos que ni siquiera cubrían los costes básicos del agua, fertilizantes y el cuidado de los árboles.
Unos 70 agricultores, con aproximadamente 500 hectáreas bajo gestión, tomaron la decisión de rescindir sus contratos. Cansados de las pérdidas constantes, ahora buscan compradores en otras regiones, donde los precios del pistacho son considerablemente superiores. En particular, su atención se ha volcado hacia Aragón (Aragón) y Castilla-La Mancha (Castilla-La Mancha), donde el mercado es más accesible y las condiciones resultan más transparentes.
Brecha financiera
Uno de los agricultores, Ramon Boleda, vivió en carne propia la diferencia entre los mercados. Su cosecha del año pasado fue de 13.500 kilos de pistacho seco. Si la hubiera vendido fuera del sistema de Grupo Borges, sus ingresos podrían haber alcanzado los 81.000 euros. Sin embargo, la empresa solo le pagó 13.000 euros, cantidad que apenas le alcanzó para cubrir el agua de riego.
Esta situación se ha vuelto habitual para muchos integrantes de la cooperativa. Los agricultores señalan que, incluso con buenas cosechas, no lograban cubrir los gastos básicos. Esto minó la confianza en las grandes compañías y los impulsó a buscar alternativas. Además, la planta procesadora prometida nunca se construyó, lo que incrementó los costes y redujo la competitividad de su producto.
Nuevas expectativas
Esta temporada de pistacho en Urgell ha resultado menos productiva. Este cultivo alterna años de abundancia con otros más escasos, y la sequía del año pasado afectó negativamente la floración. Pese a ello, los agricultores confían en que los nuevos precios compensarán la reducción de volúmenes. Están convencidos de que la venta directa no solo les permitirá cubrir gastos, sino también sentar las bases para un desarrollo sostenible.
La decisión de dejar atrás la intermediación de la gran empresa se percibe como un paso hacia la restitución de la justicia y el reconocimiento al trabajo del campo. Para muchos, no es solo una elección económica, sino el intento de recuperar el control sobre su futuro y asegurar el bienestar de sus familias.
Contexto y consecuencias
En los últimos años, los conflictos entre agricultores y grandes procesadores se han intensificado en España. Los agricultores se quejan de los bajos precios de compra, que no reflejan los costes reales de producción. Situaciones similares ya han provocado protestas masivas en Andalucía y Castilla-La Mancha, donde los productores de aceitunas y uvas también han exigido la revisión de las condiciones contractuales.
En algunas regiones, los agricultores se agrupan en cooperativas para acceder directamente al mercado y negociar los precios. Este enfoque les permite obtener una mayor parte de las ganancias y reducir la dependencia de las grandes empresas. Como resultado, surgen nuevos actores en el mercado y la competencia se vuelve más transparente.
El paso hacia la comercialización independiente requiere tiempo y esfuerzo, pero la experiencia de otras regiones demuestra que, con una buena organización, los agricultores pueden lograr mejores condiciones. En los próximos años, se espera que estos cambios también afecten a otros sectores del agro español.












