
En España vuelve a estallar la polémica sobre la distribución de fondos estatales entre las comunidades autónomas. El líder del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, rechazó abiertamente la propuesta de financiación del Gobierno, calificándola de injusta y de amenaza para la unidad del país. Sin embargo, pese a la retórica firme, crecen las tensiones internas: algunos dirigentes regionales del PP no descartan respaldar el nuevo modelo si finalmente se aprueba.
El Gobierno, encabezado por la ministra de Hacienda María Jesús Montero, insiste en la pronta aprobación de la reforma, que, según afirman, debe eliminar las brechas financieras entre territorios. Como era de esperar, Cataluña apoyó la iniciativa, mientras que el resto de comunidades se dividió en dos bloques. Al mismo tiempo, el PP promete que, si llega al poder, derogará el sistema y presentará su propia alternativa, que según Feijóo será aceptable para todos.
Pero mientras el proyecto alternativo sigue en la sombra, el partido debe tener en cuenta los intereses de sus doce comunidades, cada una con sus propias exigencias y expectativas. En Génova reconocen que es imposible garantizar la unidad de criterio de todos los líderes regionales si la nueva fórmula entra en vigor.
Divisiones internas
En vísperas de las elecciones en Aragón, Feijóo convoca una nueva cumbre de líderes partidistas en Zaragoza para demostrar unidad y determinación frente a las concesiones del Gobierno central a los separatistas. Sin embargo, tras bambalinas se debaten cuestiones mucho más complejas: ¿cómo armonizar los intereses de regiones tan diferentes sin perder credibilidad ante el electorado?
En septiembre de 2024 ya se celebró un encuentro similar en Madrid, donde se aprobó el documento «España somos todos». En él, el partido condenó la “falsa bilateralidad” de las negociaciones del Gobierno con Cataluña y exigió ampliar el fondo temporal para todas las regiones hasta que se apruebe un nuevo sistema. En aquel momento, el PP también insistió en que ninguna autonomía quedara fuera del régimen común de financiación.
Ahora, año y medio después, la situación se ha vuelto aún más enrevesada. La nueva propuesta de Hacienda, pactada con ERC, promete 21.000 millones de euros de financiación adicional para todas las regiones. Cataluña permanece en el régimen común y se beneficia como una de las más favorecidas. También salen beneficiadas Andalucía, la Comunidad Valenciana y Murcia, todas gobernadas por el PP. La brecha de financiación per cápita debería reducirse casi a la mitad.
La postura de Feijóo
¿Y qué propone Feijóo? Según los representantes del partido, en el próximo congreso de Zaragoza se presentará un enfoque común basado en los principios de igualdad entre regiones. Sin embargo, todavía no se han dado a conocer cifras ni fórmulas concretas. En el PP sostienen que solo el Gobierno dispone de toda la información económica necesaria para realizar los cálculos precisos.
En el entorno de Feijóo reconocen que crear un modelo universal que satisfaga a todas las regiones es prácticamente imposible. Cada barón del partido defiende los intereses de su territorio y el compromiso parece inalcanzable. “Será un esquema donde todos ganarán algo, pero también perderán algo”, afirman en el partido.
Mientras tanto, la ministra Montero recuerda que las regiones podrán adherirse voluntariamente al nuevo sistema si lo aprueba el Parlamento. Según ella, la decisión debe tomarse antes de fin de año, pero las batallas políticas en torno a la reforma solo están empezando a intensificarse.
Fractura financiera
Toda esta historia es mucho más que una disputa sobre el dinero. Está en juego el equilibrio de poder entre el gobierno central y las comunidades, así como el futuro del mapa político de España. Dentro del PP crece el malestar: unos reclaman una línea dura y rechazar cualquier concesión, mientras otros apuestan por compromisos pragmáticos en defensa de los intereses de sus votantes.
Mientras algunas regiones ven en el nuevo esquema una oportunidad para obtener recursos adicionales, otras temen que sus intereses sean sacrificados en aras de acuerdos políticos. La pregunta sobre quién saldrá beneficiado sigue abierta. Pero una cosa está clara: la lucha por miles de millones de euros y el control sobre el reparto de los recursos apenas comienza.











