
Alicante es mucho más que una ciudad bañada por el sol a orillas del Mediterráneo, conocida por sus playas y su excelente clima. Sus calles encierran una apasionante historia marcada por el legado de grandes civilizaciones que dejaron aquí una huella imborrable. Si alguna vez te has preguntado de dónde proviene el nombre de Alicante, la respuesta es un fascinante recorrido a través de los siglos, desde los antiguos griegos hasta romanos y árabes.
La historia de la ciudad se remonta a la Edad del Bronce, aunque las primeras menciones escritas relacionan su fundación con los griegos. Más tarde, los romanos consolidaron su importancia, convirtiéndola en un punto comercial clave gracias a su ubicación estratégica. En la Edad Media, la ciudad pasó a dominio musulmán, quienes desarrollaron la agricultura y reforzaron el puerto. Las tropas cristianas del reino de Castilla la reconquistaron en el siglo XIII y, a partir de entonces, Alicante se integró en la Corona de Aragón, incrementando su influencia económica y política.
El origen del nombre de la ciudad está envuelto en una mezcla de hechos históricos y hermosas leyendas. La versión más aceptada sostiene que todo comenzó con los griegos, quienes fundaron un asentamiento llamado Akra Leuke, que significa “cabo blanco”; una referencia evidente a la montaña donde hoy se alza el castillo de Santa Bárbara. Los romanos, que llegaron después, latinizaron el nombre transformándolo en Lucentum, un término parecido a “luz” y que alude a la ubicación elevada y luminosa de la ciudad. Con la llegada de los musulmanes en el siglo VIII, el topónimo evolucionó una vez más, esta vez a Al-Lakant. Curiosamente, en árabe el nombre también mantuvo su relación con la luz. Tras la Reclonquista cristiana, el nombre se adaptó a la fonética de las lenguas locales: primero como Alacant en valenciano y luego como Alicante en castellano. Hoy en día, ambas formas son oficiales.
Sin embargo, existe otra versión, más romántica, que explica el nombre de la ciudad. Es la popular leyenda de Ali y Kantara. La historia cuenta que un poderoso califa tenía una hermosa hija llamada Kantara, a cuya mano aspiraban dos jóvenes dignos: el noble Ali y el comandante Almanzor. Para decidir quién se casaría con la princesa, el califa les encomendó una difícil tarea. Almanzor partió hacia tierras lejanas en busca de inmensas riquezas, mientras que Ali decidió quedarse y construir un acueducto para llevar agua preciosa a la ciudad. Pasando tiempo junto a Kantara, Ali conquistó poco a poco su corazón.
Cuando Almanzor regresó victorioso y con valiosos regalos, el califa, fiel a su promesa, le entregó la mano de su hija. Al enterarse, Ali cayó en la desesperación y se arrojó desde un acantilado. Kántara, al saber de la muerte de su amado, no pudo soportar el dolor y también se quitó la vida. Abrumado por el sufrimiento, el califa no encontraba consuelo en su pena. Los habitantes de la ciudad, conmovidos por esta trágica historia, decidieron honrar la memoria de los enamorados uniendo sus nombres en el de su ciudad: Alicante.
Así, el nombre actual de la ciudad es una fusión única de historia real y leyenda popular. Refleja el camino recorrido por esta tierra a través de épocas y culturas, desde el ‘Promontorio Blanco’ de los griegos y la ‘Ciudad de la Luz’ de los romanos hasta la inmortal leyenda de un amor más fuerte que la muerte.












