
En España, continúan los debates en torno a los recientes datos sociológicos: casi uno de cada cinco jóvenes en el país no considera la época de Franco como algo exclusivamente negativo. Este resultado ha provocado una intensa reacción entre profesores e historiadores, quienes intentan comprender qué impulsa a la nueva generación. Muchos de ellos señalan que para la juventud, la dictadura no es una experiencia personal, sino más bien una página abstracta de los libros de texto que evalúan de manera diferente a sus padres y abuelos.
Fidel Gómez Ochoa, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Cantabria, opina que estas posiciones no son tanto nostalgia como una muestra de desencanto con la España actual. Según él, los jóvenes españoles no vivieron ni la caída del régimen ni la lucha por la democracia. Para ellos, la democracia no es una conquista, sino algo que siempre estuvo ahí y que no requiere un esfuerzo para ser preservada.
Una mirada a través de las generaciones
El profesor señala que cada nueva generación tiende a cuestionar los valores que hereda de sus antecesores. En su opinión, los jóvenes de hoy protestan no desde la izquierda, sino desde la derecha. No ven la democracia como algo excepcional, ya que no conocen lo que es vivir sin ella. Su perspectiva se moldea en un contexto de dificultades económicas, problemas de empleo y la imposibilidad de alcanzar la independencia rápidamente.
Gómez Ochoa destaca que muchos jóvenes no tienen idea de cómo era la vida bajo la dictadura. No han experimentado la represión, el miedo ni las restricciones que fueron habituales para sus padres y abuelos. Para ellos, el franquismo es algo lejano, casi mítico, que no les genera sentimientos profundos.
Temores sociales
Otro factor importante es el clima de inquietud que se vive en la sociedad. Los jóvenes oyen hablar constantemente de la llegada masiva de migrantes, de que España está perdiendo su autonomía ante las presiones externas, de que el Estado no puede garantizarles un futuro digno. Todo esto genera una sensación de inestabilidad e incertidumbre, en la que la democracia no se percibe como algo especialmente valioso.
El profesor señala que, incluso si los jóvenes no apoyan a los partidos radicales, les parece que solo ellos pueden lograr cambios. Esta sensación de desesperanza y la búsqueda de soluciones fáciles lleva a parte de la juventud a simpatizar con modelos autoritarios que prometen orden y reglas claras.
Pérdida de la memoria histórica
Muchos expertos piensan que una de las razones de esta actitud es la escasa conexión con la historia. En colegios y universidades se habla poco de las verdaderas consecuencias de la dictadura y de la dificultad que supuso recuperar libertades y derechos. Para los jóvenes, es solo un período más, sin mayor relevancia que otros capítulos del libro de texto.
Como resultado, parte de la juventud comienza a ver el franquismo no como una tragedia, sino como una alternativa a los problemas actuales. No lo perciben como una amenaza porque desconocen lo que realmente se perdió y el alto precio que se pagó por alcanzar la democracia.
Reacción social
El surgimiento de estas actitudes preocupa a profesores e historiadores. Consideran que la sociedad debe hablar más sobre el pasado para que las nuevas generaciones comprendan por qué la democracia es importante y lo fácil que es perderla. Sin embargo, por ahora, muchos jóvenes españoles siguen contemplando la historia del país a través de sus propios problemas y no desde la experiencia de las generaciones mayores.











