
Los acontecimientos de los últimos días han sido un auténtico shock para millones de pensionistas españoles. La decisión del Congreso de no respaldar el decreto sobre el aumento de las pensiones para 2026 provocó de inmediato una oleada de preocupación entre los ciudadanos que contaban con la subida prometida. El asunto afecta no solo a los mayores, sino también a sus familias, ya que la estabilidad de las pensiones determina el bienestar de un enorme número de hogares en todo el país.
En diciembre del año pasado, el gobierno de Pedro Sánchez aprobó en el último Consejo de Ministros una subida de las pensiones: un 2,7% para quienes cobran prestaciones por cotización laboral y más de un 7% para las pensiones mínimas. Aquellos que tienen cónyuge a cargo o reciben una pensión de viudedad con dependientes verán un incremento del 11,4%. También se elevaron las pensiones por discapacidad y las ayudas del Ingreso Mínimo Vital (Ingreso Mínimo Vital, IMV).
Bloqueo parlamentario
Sin embargo, para que estas medidas entraran en vigor, requerían la aprobación del Congreso. En la votación, la mayoría de los diputados del Partido Popular (Partido Popular, PP), Vox, Junts y UPN se pronunciaron en contra, lo que llevó al rechazo del decreto. El resultado: 171 votos a favor y 178 en contra. Las causas de esta decisión no resultaron tan claras. Aunque PP y Junts apoyan la subida de las pensiones, rechazan tajantemente que este asunto se tramite en un mismo paquete con otras iniciativas sociales, en particular con las medidas de protección frente a los desahucios de familias en situación vulnerable. Estos puntos, según la oposición, podrían incentivar la ocupación ilegal de viviendas.
Una situación similar ya se produjo el año anterior, cuando tras una ola de críticas el líder del PP se vio obligado a cambiar de postura y los pensionistas finalmente recibieron el aumento prometido. Ahora la incertidumbre persiste: ¿qué ocurrirá si tampoco se alcanza un nuevo compromiso?
Pagos en entredicho
Por el momento, las pensiones de enero ya se han abonado con el incremento aplicado y los beneficiarios no han notado cambios. Sin embargo, si no se aprueba un nuevo decreto en los próximos días, a partir de febrero las cuantías volverán al nivel de 2025. Esto afecta no solo a los pensionistas, sino también a quienes reciben otras ayudas sociales incluidas en el documento rechazado.
Preocupa especialmente el futuro del llamado «escudo social», un conjunto de medidas destinadas a proteger a los sectores más vulnerables de los desalojos. Más de 60.000 personas podrían quedarse sin alternativas habitacionales si estas disposiciones no se restablecen. El Gobierno aún no ha presentado una estrategia clara para resolver la situación, mientras que la ministra de Inclusión Social, Elma Saiz, recalcó que la responsabilidad del fracaso en la votación recae en los partidos de la oposición.
Escenarios posibles
Entre las opciones que se barajan figura volver a presentar el decreto, esta vez sin los puntos sociales más controvertidos, o intentar nuevamente unificar todas las medidas en un solo documento y confiar en un cambio de postura de la oposición. PP y Junts también han registrado sus propias propuestas de ley para aumentar las pensiones, pero su tramitación podría llevar más tiempo.
Si no se llega a un compromiso antes del próximo pago, el gobierno aún tiene la opción de tomar una decisión con efecto retroactivo para que los jubilados reciban las cantidades pendientes más adelante. Este escenario ya se ha dado antes, pero siempre genera incertidumbre y nerviosismo entre los beneficiarios.
Reacción social
Crece el descontento y la preocupación en la sociedad. Los jubilados, sus familias y las organizaciones que defienden los derechos de las personas mayores exigen a los políticos soluciones inmediatas y transparentes. En las redes sociales y en las calles de las grandes ciudades, se debate cómo las disputas políticas pueden poner en riesgo la estabilidad financiera de millones de españoles.
Por ahora solo queda esperar: o el Parlamento logra un acuerdo, o el país afrontará una nueva ola de protestas y descontento. El tema de las pensiones vuelve a ser una prueba decisiva para todo el sistema político de España.












