
El Senado español fue escenario de un insólito incidente que rápidamente se convirtió en tema de conversación en los pasillos políticos. Durante los preparativos previos al inicio de la sesión plenaria, el presidente de la Cámara Alta, Pedro Rollán, acaparó la atención no por el orden del día, sino por sus emociones. Su irritación ante el comportamiento de sus colegas fue percibida por todos los presentes, y no solo por ellos.
En el momento en que Rollán pidió varias veces a los senadores que tomaran asiento para dar comienzo a la sesión, su paciencia pareció agotarse. El micrófono, que seguía encendido, captó un comentario poco afortunado dirigido a los colegas que no hacían caso a su llamado. La frase, difundida en directo, se propagó en las redes sociales y provocó una oleada de reacciones.
El incidente tuvo lugar a primera hora de la tarde, cuando la sala del Senado aún estaba medio vacía, a pesar de los repetidos avisos sobre el inicio de la sesión. El presidente tuvo que reiterar varias veces su petición, pero la mayoría de los senadores seguían ignorando sus palabras, absortos en sus conversaciones y asuntos personales. En un momento dado, Rollán no pudo contenerse y, creyendo que nadie lo escuchaba, expresó abiertamente su frustración ante la situación.
A los pocos segundos, se dirigió nuevamente al auditorio de manera oficial, anunciando el inicio de la sesión. Sin embargo, el momento ya se había perdido: su reacción emocional se hizo pública. En los pasillos del parlamento comenzaron inmediatamente los comentarios, y en las redes sociales los usuarios debatían activamente sobre la conveniencia de este comportamiento por parte del presidente del Senado.












