
En enero de 2026, los pasillos del poder en Valencia se vieron sacudidos por un escándalo que podría cambiar el rumbo de una investigación de alto perfil. José Manuel Cuenca, exjefe de gabinete del presidente Carlos Mazón, devolvió su iPhone corporativo a la administración, pero antes borró completamente su memoria. Esta acción supuso un inesperado giro en el caso de la tragedia que costó la vida a 230 personas en el otoño de 2024.
Según el informe oficial de los especialistas en tecnología de la información, el smartphone de Cuenca fue restaurado a los valores de fábrica. Todas las aplicaciones y datos personales desaparecieron sin dejar rastro. Incluso el historial de WhatsApp, la aplicación clave para la comunicación durante la crisis, resultó inaccesible para los expertos. El teléfono estuvo operativo hasta diciembre, pero ahora es como una hoja en blanco.
Detalles clave
La investigación considera que en este dispositivo se almacenaban datos cruciales sobre las acciones del gobierno durante las horas críticas de la catástrofe. La jueza de Catarroja, Nuria Ruiz Tobarra, ya ha citado a Cuenca en dos ocasiones para declarar. Su papel en la gestión de la crisis genera cada vez más interrogantes.
En diciembre, tras revisar las conversaciones de WhatsApp certificadas ante notario y presentadas por la exdirectora del departamento de justicia, Salomé Pradas, la jueza volvió a citar a Cuenca. Quedó claro que no fue simplemente un observador, como intentó hacer creer antes. Al contrario, era él quien daba instrucciones a Pradas, encargada de coordinar la respuesta ante la emergencia.
Conversaciones e instrucciones
En uno de los mensajes enviados la noche del 29 de octubre, Cuenca insistió en que no se declarara el estado de aislamiento y pidió mantener la calma. Estas palabras se pronunciaron cuando la situación ya estaba fuera de control y el número de víctimas aumentaba cada hora. La correspondencia entre Cuenca y Pradas reveló que la administración conocía la magnitud de la catástrofe mucho antes de las declaraciones oficiales.
Tras el cambio de gobierno en diciembre, Cuenca fue destituido por el nuevo presidente, Juan Francisco Pérez Llorca. Sin embargo, su papel en la investigación no terminó ahí. El próximo lunes deberá enfrentarse cara a cara con Pradas en el tribunal, un procedimiento poco común que podría arrojar luz sobre las discrepancias en sus declaraciones.
Resistencia y argumentos
Durante la segunda comparecencia, Cuenca alegó que los mensajes presentados por Pradas estaban sacados de contexto. Se negó rotundamente a entregar su teléfono a las autoridades, invocando su derecho a la privacidad. Más tarde afirmó que todos los mensajes habían sido eliminados y que no tenía copias de seguridad.
Este comportamiento sorprendió al juez. Tras una larga discusión, Cuenca accedió a que el tribunal consultara a la administración sobre la posibilidad de recuperar la correspondencia. Además, se resolvió averiguar si el propio Mazón estaba dispuesto a entregar sus mensajes para la investigación.
Inmunidad política
La situación se complica porque Carlos Mazón, pese a su dimisión, sigue contando con inmunidad parlamentaria. Esto implica que solo el Tribunal Superior de la Comunidad Valenciana puede investigar sus acciones. Por ahora, la atención está puesta en su exasistente, quien se encuentra en el centro del escándalo.
El caso del borrado de datos del teléfono de Cuenca se ha convertido en un auténtico enigma para los investigadores. Las preguntas no dejan de surgir: ¿qué información se eliminó exactamente, por qué se hizo y quién más estaba al tanto de lo sucedido? Las respuestas a estos interrogantes podrían cambiar no solo el curso de la investigación, sino también el panorama político de la región.












