
El escándalo en torno a la organización de los actos de duelo tras la catástrofe en Adamuz se ha convertido en uno de los temas más debatidos en España. La decisión de celebrar una misa separada en Madrid poco después de la ceremonia oficial en Huelva desató no solo una oleada de emociones entre los familiares de las víctimas, sino también comentarios contundentes de reconocidos periodistas. Para muchos españoles, este episodio simboliza las divisiones políticas y reaviva heridas del pasado relacionadas con tragedias recientes.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quedó en el centro de la polémica, ya que sus acciones fueron interpretadas como un intento de acaparar la atención. Mientras en Huelva se celebraba la ceremonia oficial en memoria de las 45 víctimas de accidentes ferroviarios, en la catedral de La Almudena de Madrid se iniciaba otra misa apenas una hora después. Esta decisión provocó una reacción tajante no solo entre los ciudadanos, sino también en los medios de comunicación.
Críticas contundentes
El periodista Iñaki López, conductor de un popular programa nocturno, no ocultó su indignación al comentar las acciones de Ayuso. Según él, la presidenta decidió organizar su propio acto para evitar quedar en un segundo plano, a pesar de que la atención nacional estaba centrada en Huelva. López remarcó que en la misa de Madrid asistieron los tres obispos de la ciudad, pero la presencia de autoridades fue considerablemente menor, ya que muchos políticos, incluido Feijóo, optaron por viajar a Andalucía.
La situación se agravó cuando recibieron a Ayuso en la catedral entre gritos de «¡asesina!». Esto reflejó el descontento acumulado no solo por la organización de los actos luctuosos, sino también por la percepción, compartida por una parte de la sociedad, de que los políticos utilizan las tragedias para su propio beneficio.
Preguntas incómodas
Cristina Pardo, copresentadora del programa, también intervino en el debate, recordando la postura controvertida de Ayuso respecto a otras víctimas, en particular a los fallecidos en residencias de ancianos durante la pandemia. Señaló que la presidenta de Madrid muestra empatía hacia las víctimas del accidente ferroviario, pero ignora el sufrimiento de las familias que perdieron a sus seres queridos en residencias.
López no perdió la oportunidad de mencionar los llamados «protocolos de la vergüenza», que, según él, impidieron la organización de cualquier ceremonia oficial en memoria de los miles de fallecidos en residencias. Sus palabras cobraron especial relevancia en el contexto actual, aumentando el malestar social.
Emociones en Huelva
En Huelva, más de 300 familiares asistieron al funeral de las víctimas. Entre ellos se encontraba Liliana Sáenz, hija de una de las fallecidas, quien pronunció un emotivo discurso. Sus palabras, recordando que los fallecidos no son solo cifras sino parte de una sociedad que hace tiempo perdió la unidad, conmovieron a todos los presentes. Subrayó que esta tragedia no es solo un dolor personal, sino también el reflejo de problemas profundos en la sociedad española.
Muchos de los asistentes a la ceremonia agradecieron a los habitantes de Adamus por su apoyo y solidaridad. Al mismo tiempo, se escucharon críticas hacia las autoridades, a quienes algunos reprocharon no haber logrado unir al país en un momento de duelo. El ambiente en el funeral estuvo marcado no solo por el dolor, sino también por una sensación de división que impregnó todo el evento.
Reacción social
El debate público en torno a las dos ceremonias fúnebres sigue vigente. Para muchos españoles, esta situación ha servido para reflexionar sobre cómo los políticos utilizan las tragedias en su beneficio y por qué la memoria de las víctimas se convierte en un terreno para nuevos conflictos. En las redes sociales continúan las discusiones sobre la legitimidad de estos gestos y sobre quién merece realmente compasión y apoyo.
Los hechos ocurridos en Huelva y Madrid volvieron a recordar la fragilidad del consenso social y lo fácil que es para las ambiciones políticas eclipsar los verdaderos sentimientos humanos. Las preguntas planteadas por los periodistas siguen sin respuesta, mientras que el dolor de la pérdida es compartido por todo el país.












