
La visita de los Reyes de España a Pekín estuvo marcada por una cena privada con el presidente chino Xi Jinping y su esposa Peng Liyuan. El encuentro, celebrado en la solemne atmósfera del Gran Palacio del Pueblo, se convirtió en uno de los momentos clave de la visita de Estado. A puerta cerrada se discutieron no solo cuestiones protocolarias, sino también las perspectivas de las relaciones bilaterales. Este gesto por parte del líder chino se interpreta como una señal de reforzamiento de los lazos, lo que podría abrir nuevas oportunidades para las empresas españolas en el mercado asiático. La diplomacia al más alto nivel, respaldada por la relación personal entre los monarcas, busca romper el hielo en las relaciones internacionales y sentar las bases para futuros acuerdos económicos.
La atención de la prensa se centró especialmente en el diálogo implícito entre los atuendos de la reina Letizia y la primera dama china. Su relación se inició en 2017, cuando Peng Liyuan visitó Madrid y Letizia organizó para ella una agenda cultural en el Teatro Real. En esta ocasión, Peng Liyuan eligió un elegante kimono azul oscuro con bordados dorados que resaltaba el carácter nacional. Por su parte, la reina de España optó por un vestido minimalista de color oliva con delicados detalles de plumas. Esta elección fue una muestra de refinado gusto y respeto hacia la anfitriona, además de un intento de encontrar equilibrio entre la sobriedad europea y la opulencia oriental, sin atraer excesiva atención hacia sí misma.
Unas horas antes de la cena, la reina Letizia mostró un profundo interés por la cultura china. Visitó el parque Wangjianglou, en la provincia de Sichuan, donde participó en una ceremonia tradicional del té. Este gesto simbólico, evocador de escenas de obras clásicas, fue altamente valorado por los anfitriones y reflejó la disposición de la monarquía española al diálogo entre culturas. La inmersión en las costumbres locales se convirtió en una parte fundamental de la misión diplomática, demostrando que la relación entre ambos países se basa no solo en el comercio, sino también en el respeto mutuo por el legado de cada uno.
Sin embargo, el impecable desarrollo de la visita se vio empañado por un episodio inesperado durante la ceremonia oficial de despedida. El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, apareció ante las cámaras con una imagen que, como mínimo, desconcertó a las redes sociales. La ausencia de corbata y una chaqueta amplia, que parecía prestada a última hora, contrastaron de forma llamativa con el estricto protocolo del acto. Este tropiezo estilístico del funcionario español desató un intenso debate y dejó un sabor amargo, rompiendo la cuidada armonía de la visita de Estado.
El broche final del viaje fue la asistencia de los Reyes al concierto de la orquesta del Teatro Real de Madrid en Pekín. El programa incluyó obras de Manuel de Falla y arias de zarzuela clásica, mostrando al público chino toda la riqueza de la cultura musical española. Esta velada volvió a dejar claro que el intercambio cultural es una de las herramientas más efectivas para fortalecer la amistad y el entendimiento mutuo entre los pueblos de España y China.











