
En la Casa Real de España, ningún acontecimiento ocurre de manera espontánea. Cada acción, especialmente aquellas relacionadas con los actos públicos de la familia real, es fruto de una meticulosa planificación. La decisión de conceder a la reina Sofía la Orden del Toisón de Oro no fue una excepción, sino una clara muestra de ello. Esta noticia, anunciada ya en enero, fue recibida con un respaldo prácticamente unánime en la sociedad. Existe consenso en que la antigua reina merece este reconocimiento por sus décadas de servicio y la entereza con la que sostuvo la estabilidad de la corona en los momentos más difíciles.
La concesión de esta distinción se interpreta no solo como un acto de Estado, sino también como un gesto profundamente personal. Es el agradecimiento de un hijo, el rey Felipe VI, a su madre por su inquebrantable paciencia y apoyo, especialmente frente a las convulsiones que ha afrontado la monarquía en los últimos años. Y ese agradecimiento se expresa de la forma más alta. La Orden del Toisón de Oro es una de las órdenes de caballería más antiguas y prestigiosas de Europa y su entrega es prerrogativa exclusiva del monarca en ejercicio de España. Los caballeros de la orden tienen derecho al tratamiento de “excelentísimo” y reciben la insignia: una figura dorada de un carnero, colgada en una cadena finamente labrada.
La historia de la orden se remonta a 1430, cuando el duque de Borgoña, Felipe el Bueno, la fundó con motivo de su matrimonio con Isabel de Portugal. El símbolo elegido fue un carnero de oro. Un siglo después, tras el enlace de Juana de Castilla y Felipe el Hermoso, la orden se dividió en dos ramas: la española, encabezada hoy por el rey de España, y la austriaca, bajo la tutela del jefe de la casa de Habsburgo.
Actualmente, solo existen 18 caballeros de esta orden en el mundo, lo que resalta su exclusividad. Sin embargo, el aspecto clave es que Sofía de Grecia se convertirá en la primera reina consorte en recibir este honor. Es un paso sin precedentes, ya que el papel de la consorte de un monarca normalmente no tiene un estatus constitucional claramente definido. La relevancia del evento aumenta aún más por la fecha de la ceremonia: está programada para coincidir con el 50 aniversario de la restauración de la democracia en España.
La ceremonia, que tendrá lugar en el Palacio Real de Madrid, estará dedicada no solo a la reina Sofía. El acto formará parte de la celebración del medio siglo de la restauración de la monarquía tras la muerte de Francisco Franco y la proclamación de Juan Carlos I como rey el 22 de noviembre de 1975. Junto a la reina, recibirán el collar honorífico el ex presidente del Gobierno Felipe González y dos de los ‘padres’ vivos de la Constitución: Miquel Roca y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón.
De este modo, la reina Sofía quedará al mismo nivel que las figuras clave que facilitaron la transición de España hacia la democracia. Este gesto destaca su papel fundamental en la estabilización del joven Estado democrático durante periodos de graves crisis, incluidos no solo el intento de golpe de Estado de 1981, sino también otros episodios menos conocidos por el gran público. Toda la familia real asistirá a la ceremonia, incluida la princesa Leonor y la infanta Sofía, lo que pretende simbolizar la continuidad y unidad de la monarquía.
Sin embargo, tras esta fachada de unidad se esconde una profunda división familiar. La ausencia del rey emérito Juan Carlos en un evento tan emblemático resulta llamativa. Anteriormente, ya había manifestado su pesar por la falta de contacto con la heredera al trono. Su exclusión actual del contexto histórico de la restauración de la monarquía parece haber supuesto otro golpe doloroso para él y un motivo de enorme descontento.












