
El destino de los tesoros artísticos españoles a veces resulta caprichoso. Una de las más valiosas pinturas góticas, que en su día adornó la iglesia de San Miguel en Villalpando, fue considerada irremediablemente perdida durante décadas. Hoy, más de setenta años después de su desaparición, la obra vuelve a estar en el centro de atención, nada menos que en las salas de un museo en Massachusetts. La historia de este hallazgo es digna de una novela policíaca, donde se entrelazan la pasión por el arte, la tecnología moderna y el amargo reconocimiento de las pérdidas.
La pintura «Procesión al Monte Gargano», realizada en el siglo XV y atribuida a Nicolás Francés, formó parte durante muchos años del retablo de una humilde iglesia de Castilla y León. Sin embargo, a mediados del siglo pasado, cuando la parroquia necesitaba urgentemente fondos para una reparación, varios tesoros góticos fueron vendidos por una cantidad que hoy parece irrisoria, alrededor de 30 euros. En aquel momento, nadie podía imaginar que estas obras desaparecerían del mapa por décadas.
Rastros perdidos
Tras la venta, los cuadros pasaron a formar parte de la colección privada de la baronesa Anita Breuille en Córdoba. Después, su paradero se volvió un misterio. No fue hasta 2013 cuando se descubrió que tres de los cuatro paneles estaban en museos españoles: en Montserrat, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña y en Cincinnati. Pero sobre el destino de la «Procesión al Monte Gargano» no se sabía nada. Parecía que la pista se había perdido para siempre.
Todo cambió el verano pasado, cuando un investigador de Zamora decidió retomar la búsqueda. En sus manos apareció un antiguo negativo: la única imagen existente del cuadro desaparecido, tomada por un arquitecto y coleccionista catalán. Tras digitalizar la foto, utilizó Google Lens para intentar localizar alguna pista. E increíblemente, el sistema arrojó un resultado: el cuadro cuelga en un museo de Springfield, en Estados Unidos, y sin información clara sobre su procedencia.
Tecnología y azar
Las tecnologías modernas fueron clave en este caso. Sin inteligencia artificial ni archivos digitales, probablemente la historia habría quedado sin resolver. Pero incluso tras el hallazgo del cuadro quedaban muchas incógnitas. ¿Cómo cruzó el Atlántico? ¿Por qué nadie conocía su origen español? Las respuestas empezaron a surgir solo después de que el museo accediera a colaborar y permitiera el acceso a sus archivos.
Se descubrió que junto con el «Procesión al Monte Gargano», otro retablo llegó al museo, procedente de otra iglesia española. Ambas obras fueron adquiridas a mediados del siglo XX, en una época en que el arte europeo era exportado masivamente a Estados Unidos. Por entonces, pocos valoraban la importancia cultural de estas piezas: lo que más pesaba era el dinero y la posibilidad de solucionar problemas cotidianos con rapidez.
El precio de la pérdida
Hoy, cuando finalmente se han localizado los cuatro paneles dedicados a San Miguel, surge una pregunta lógica: ¿es posible su reunificación? Tres se encuentran en museos españoles y uno en América. La idea de devolverlos aunque sea temporalmente a Villalpando parece casi utópica, pero es justamente el objetivo del investigador que ha dedicado años a su búsqueda. No oculta su frustración: obras como las de Nicolás Francés nunca debieron abandonar su tierra natal por tan poco valor.
Sin embargo, incluso si esa reunificación temporal llegara a ocurrir, las cicatrices de la pérdida permanecerían. La historia de la venta de estos tesoros góticos no trata solo de dinero, sino también de la indiferencia hacia el propio patrimonio. A mediados del siglo pasado, España carecía tanto de recursos como de la conciencia de que estas obras formaban parte de su identidad nacional. Hoy ese reconocimiento ha llegado, pero lo perdido ya es irrecuperable.
Las sombras del pasado
Resulta curioso que aún se desconozca el paradero de las otras seis pinturas de aquel mismo lote. Su precio en el momento de la venta era de apenas 50.000 a 60.000 pesetas —hoy, no llegarían a 350 euros. ¿Dónde estarán ahora? Tal vez formen parte de colecciones privadas o acumulen polvo en los depósitos de museos extranjeros. Cada caso como este es un recordatorio de lo fácil que es perder aquello que se creó a lo largo de siglos.
En España todavía se pueden admirar otras obras de Nicolás Francés, tanto en la catedral de León como en el Museo del Prado. Sin embargo, la historia de la «Procesión al Monte Gargano» se ha convertido en símbolo de cómo el arte puede desaparecer y, de repente, volver a la vida cuando personas comprometidas y la tecnología moderna se involucran. Y quizás, este sea el único motivo de optimismo en toda esta historia.












