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Residentes del centro histórico de Palma luchan contra desalojos por el aumento de los alquileres

¿Una ciudad para sus habitantes o para inversores? Canamunt pierde su identidad y sus vecinos

En Canamunt, varias familias se ven obligadas a abandonar sus hogares por el fuerte incremento de los alquileres. Los vecinos se organizan para frenar los desalojos masivos. La situación se agrava y el barrio está cambiando rápidamente de aspecto.

En el corazón de Palma, en el barrio de Canamunt-Ciutat Antiga, se libra una batalla por el derecho a permanecer en las propias viviendas. En los últimos años, los precios del alquiler han subido vertiginosamente, dejando a muchas familias al borde del desahucio. Vecinos que durante décadas dieron vida a este histórico barrio se ven ahora obligados a buscar un nuevo hogar o incluso a abandonar la isla.

La situación se agrava porque muchos propietarios prefieren alquilar sus pisos a precios excesivos o mantenerlos vacíos a la espera de ofertas más lucrativas de inversores extranjeros. Como consecuencia, comercios tradicionales y cafeterías desaparecen y ceden su lugar a boutiques, hoteles y tiendas de souvenirs pensadas para turistas y nuevos residentes acomodados.

El alquiler se vuelve inaccesible

Las historias de los vecinos se repiten una y otra vez. Por ejemplo, Rosa Deyà, vecina del barrio desde hace 26 años, tendrá que abandonar su piso en agosto tras finalizar su contrato de alquiler. A pesar de tener un trabajo estable y solvencia económica, encontrar una nueva vivienda a un precio razonable se ha vuelto casi imposible. Por un piso pequeño piden 1.700 euros, y los intentos de negociar una rebaja no dan resultado. Incluso las ofertas sin muebles no bajan de 1.800 euros al mes, y los propietarios no están dispuestos a ceder.

Muchos vecinos de Rosa ya se han marchado de Canamunt, e incluso algunos han abandonado Mallorca. La situación es especialmente difícil para las personas mayores: una jubilada tuvo que mudarse al otro extremo de la ciudad y compartir piso con desconocidos, a pesar de haber vivido sola toda la vida. Para muchos, dejar sus lugares de siempre se ha vuelto la norma, simplemente porque el alquiler se ha vuelto inasumible.

El barrio cambia de cara

Canamunt-Ciutat Antiga ha pasado en los últimos diez años de ser una zona poco conocida a convertirse en un auténtico objeto de deseo para los inversores. Si en 2015 el alquiler por metro cuadrado era de 8,9 euros, ahora alcanza los 18,8 euros. Un piso de 70 metros cuadrados ha subido de 623 a 1326 euros al mes. Es un incremento de más del doble en muy poco tiempo.

Es ilustrativo el caso de un edificio en la calle Cordería: seis viviendas fueron compradas por un inversor sueco, que las fusionó en una sola casa de lujo y la puso a la venta por 18,5 millones de euros. Según Carme Verdaguer, que ha vivido toda su vida en el barrio, los nuevos propietarios no tienen interés en integrarse en la comunidad local. No participan en la vida del barrio y este va perdiendo su identidad.

Unirse para lograr cambios

Tras años de protestas, los vecinos han decidido tomar medidas más firmes. En la última asamblea se acordó pedir a los propietarios de viviendas vacías que las alquilen a precios accesibles. Es una de las vías para contener la ola de desalojos y preservar el tejido social del barrio. La situación se agrava porque muchos contratos de alquiler están venciendo y las nuevas condiciones resultan inasumibles para la mayoría de las familias.

Antònia Figuerola, presidenta de la asociación, recuerda que hace diez años pagaba 600 euros al mes por su vivienda, una cifra imposible de encontrar hoy en día. Señala que incluso entre los propietarios de pisos crece la preocupación: muchos ya no se sienten parte de Canamunt y están inquietos por la desaparición de sus vecinos.

Pérdida de identidad y futuro del barrio

Con la desaparición de las tiendas y bares tradicionales, Canamunt pierde su esencia. En su lugar surgen restaurantes, boutiques y hoteles orientados a turistas y nuevos residentes con altos ingresos. Según Carme Verdaguer, si esta tendencia continúa, el barrio se convertirá definitivamente en un espacio solo para propietarios de inmuebles, dejando de lado a quienes han vivido y trabajado aquí durante años. Al final, todos saldrán perdiendo: los inquilinos perderán sus hogares y la comunidad, sus raíces y tradiciones.

Los vecinos de Canamunt no se rinden y siguen luchando por su derecho a vivir en su barrio. Confían en que sus esfuerzos sirvan para frenar los desalojos masivos y recuperar el ambiente de siempre, donde cada persona pueda sentirse en casa.

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