
La investigación de alto perfil sobre el incendio en dos clubes nocturnos de Murcia, que se cobró la vida de 13 personas, entra en una nueva fase. El juez ha concluido una larga etapa de análisis de las circunstancias del suceso y ahora exige a las partes que expresen sus posiciones antes de una posible apertura del proceso judicial. Esta decisión podría sentar un precedente para toda la industria del ocio en España, donde a menudo los aspectos de seguridad y control no reciben la atención debida.
El foco principal está en tres directivos del club Teatre, donde se originó el fuego, además del ingeniero responsable del proyecto de separación del edificio y el propietario del equipo de efectos especiales. La investigación determinó que fueron las chispas de una máquina pirotécnica, instalada en flagrante incumplimiento de todas las normativas, lo que provocó el incendio. El juez señala que el equipo se colocó demasiado cerca del techo y que las chispas impactaron repetidamente en el mismo punto hasta que se desató el fuego.
Infracciones y consecuencias
El incendio se propagó rápidamente al segundo piso del club Fonda Milagros, situado al lado, donde fallecieron todas las víctimas. La causa de la veloz expansión de las llamas fue una remodelación inadecuada del edificio: los espacios no estaban correctamente aislados y las paredes, puertas y techos no cumplían los requisitos de seguridad contra incendios. Además, ambos clubes compartían los sistemas de ventilación y climatización, lo que agravó aún más la situación.
La jueza destaca especialmente que las salidas de evacuación en Fonda Milagros no cumplían con las normas: las distancias hasta ellas excedían los límites permitidos, y el mobiliario y la decoración carecían de certificados de resistencia al fuego. A pesar de no contar con autorización para la remodelación, los propietarios dividieron el local y alquilaron una parte, desatendiendo las órdenes de las autoridades municipales de cesar la actividad. Un año antes de la tragedia, los funcionarios ya habían exigido el cierre de los clubes, pero sus disposiciones no fueron cumplidas.
Responsabilidad y acusaciones
Entre los acusados figura también el ingeniero que elaboró el proyecto de división del edificio, ya que sus decisiones no se ajustaban a las normas de construcción y contra incendios. El propietario del segundo club, Fonda Milagros, evitó los cargos de homicidio por imprudencia, pero la jueza considera que, al igual que otros involucrados, podría haber vulnerado los derechos de los trabajadores. Una de las víctimas mortales trabajaba sin contrato laboral oficial, lo que motivó una investigación aparte por parte de la inspección de trabajo.
Las familias de las víctimas insisten en que también se responsabilice a los funcionarios municipales que, en su opinión, permitieron la continuidad de los clubes a pesar de las irregularidades detectadas. Sin embargo, la jueza no apreció delito en sus actuaciones, señalando que la administración tomó decisiones y emitió órdenes, aunque no siempre las ejecutó de manera eficaz. Las quejas por posible negligencia o faltas administrativas igualmente fueron desestimadas.
Próximos pasos
Ahora la fiscalía, los abogados de las víctimas y la defensa tienen diez días para decidir si mantienen los cargos y solicitan la apertura del juicio. Los representantes de las familias de los fallecidos ya han declarado su intención de recurrir la decisión judicial, considerando que la responsabilidad de los funcionarios municipales no fue debidamente investigada. Señalan que ninguno de los funcionarios fue interrogado y que los intentos de los abogados por conocer detalles de la gestión administrativa fueron bloqueados.
Las preguntas dirigidas a las autoridades municipales siguen sin respuesta, mientras la atención pública sobre el caso se mantiene. La decisión final del tribunal podría influir en la manera de supervisar la seguridad en establecimientos de ocio en todo el país. En las próximas semanas se sabrá si se abrirá una causa penal contra todos los implicados o si algunos cargos serán retirados.
En los últimos años, España ha enfrentado varias tragedias relacionadas con incumplimientos de las normas de seguridad contra incendios en espacios públicos. En 2022, Valencia fue escenario de un gran incendio en un complejo residencial, donde también se detectaron graves infracciones de los estándares de seguridad. Casos similares en discotecas y restaurantes de distintas regiones del país han puesto sobre la mesa la necesidad de reforzar la inspección y la responsabilidad de los propietarios. La presión social y los procesos judiciales tras tragedias de este tipo suelen conllevar una revisión de la normativa y el endurecimiento de las inspecciones, pero el problema sigue vigente y exige atención constante.












