
En España continúan los intensos debates sobre la justicia salarial y las verdaderas oportunidades para los jóvenes. El detonante fue un insólito ejemplo llegado desde Finlandia, que ha puesto en entredicho las ideas tradicionales sobre cómo y cuánto se puede ganar sin tener un título universitario. Para muchos españoles, esta historia ha servido como una llamada a la reflexión sobre su propio futuro laboral y hasta qué punto el mercado de trabajo nacional está realmente abierto a nuevas formas de empleo.
La protagonista es Tiina Raitio, una finlandesa de 27 años que trabaja en el almacén de una gran empresa logística en Vantaa. Su sueldo alcanza los 3.800 euros al mes, sin necesidad de diploma ni formación especializada. En España, estas cantidades resultan inalcanzables para los empleados de almacén, lo que solo incrementa la curiosidad por el modelo finlandés.
Un trabajo sin estrés
Tiina llegó al sector logístico tras varios años trabajando en oficinas y cajas registradoras. Buscaba no solo estabilidad, sino también la posibilidad de desconectar por completo al terminar la jornada. En su puesto actual, eso es una realidad: no hay llamadas por la tarde, ni correos urgentes ni tareas pendientes fuera del horario laboral. Solo debe acudir, cumplir con su trabajo y regresar a casa.
La actividad física, la variedad de tareas y la clara estructura de los turnos definen su jornada laboral. Tiina ha aprendido a manejar una carretilla elevadora, preparar pedidos mediante comandos de voz, utilizar sistemas automatizados y reponer estanterías. Destaca que la sencillez de algunos procesos ha sido un auténtico alivio tras el estrés de la oficina. «Preparar pedidos por voz es como unas vacaciones para el cerebro», comenta. En España, este tipo de “desconexión” fuera del horario laboral es poco común, especialmente en un contexto de horas extra frecuentes y presión constante.
Dependencia de la eficiencia
El salario de Tiina se compone no solo del sueldo base, sino también de primas por productividad, calidad, trabajo nocturno y turnos en fines de semana. En Finlandia, la tarifa mínima para trabajadores de almacén es de unos 2.132 euros, pero gracias a las bonificaciones la cantidad final puede casi duplicarse. En un año, Tiina gana unos 45.000 euros, una cifra que en España suena casi irreal.
Reconoce que el dinero es una motivación, pero no la obliga a trabajar hasta el límite. Los informes internos permiten hacer seguimiento del rendimiento, pero nadie exige estar siempre al máximo. Esta forma de remunerar y organizar los turnos sorprende a los trabajadores españoles, acostumbrados a horarios rígidos y a limitadas posibilidades de aumentar sus ingresos.
La realidad española
En España, el salario medio de un trabajador de almacén en 2025 oscila entre 970 y 1.718 euros mensuales. Incluso con veinte años de experiencia, rara vez se supera la cifra de 1.650 euros. Los recién llegados deben conformarse con cantidades algo superiores a los 760 euros. Además, la mayoría en este sector trabaja con contratos temporales o a tiempo parcial, lo que impacta directamente en la estabilidad y el monto de los ingresos.
Existen complementos por turnos nocturnos, trabajo en fines de semana y festivos, pero no siempre están garantizados por los convenios colectivos. Como resultado, muchos españoles se ven obligados a buscar trabajos adicionales o a resignarse a la inestabilidad. Frente al caso finlandés, esta situación resulta especialmente contrastante y suscita dudas acerca de la equidad y de las perspectivas para los jóvenes.
Un reto para el sistema
La historia de Tiina Raitio ha dado pie a debatir no sólo sobre salarios, sino también sobre la actitud hacia el trabajo en general. En España, muchos se preguntan: ¿por qué en un país un empleo sencillo puede ofrecer un ingreso digno sin convertirse en fuente de estrés, mientras que en otro sigue siendo sinónimo de precariedad y bajos sueldos? Tanto los expertos como los propios trabajadores buscan respuestas, comparan condiciones y sueñan con un cambio.
Mientras el mercado laboral español continúa transformándose, ejemplos de otros países cobran cada vez más relevancia. Obligan a replantear ideas arraigadas y a explorar nuevas vías para mejorar la calidad de vida y trabajo. La incógnita sobre la posibilidad de replicar el modelo finlandés en España sigue vigente —y por eso este tema sigue en el centro del debate.












