
En agosto del año pasado, un escándalo sacudió las Islas Baleares, conmocionando no solo a la policía local sino a toda España. En el centro de la trama se encontraba el exjefe de la Unidad Antidroga de la Policía Nacional, quien resultó ser el nexo entre las fuerzas del orden y una de las organizaciones criminales más poderosas de la región.
La investigación reveló que una red compuesta por ciudadanos de España y Albania había establecido una ruta para introducir grandes cantidades de cocaína y hachís en Ibiza y Mallorca. Las operaciones estaban dirigidas por Stefan Milojevic, mientras que el abogado Gonzalo Márquez se encargaba de la estrategia y la gestión financiera. Ambos fueron arrestados y enviados a prisión preventiva en agosto, durante una serie de redadas policiales en las que se incautaron más de tres toneladas de droga.
El papel del exagente y las técnicas de ocultación
Una de las figuras clave para los investigadores fue Faustino Nogales, exjefe de la unidad antidroga. Según la investigación, era él quien alertaba a los líderes del grupo sobre las operaciones policiales en curso, permitiéndoles eludir la vigilancia y evitar arrestos. Para pasar información utilizaba métodos sofisticados: evitaba las llamadas telefónicas, enviaba mensajes a través de su hijo e incluso cambiaba de coche para no ser detectado.
En un momento dado, cortó todo contacto con los miembros de la banda para no delatarse. Sin embargo, esto no le salvó de ser arrestado: poco después de la detención de los principales implicados, también acabó tras las rejas. Según la investigación, sus acciones precipitaron el fracaso de todo el esquema delictivo.
Intentos de soborno y presión sobre la investigación
La investigación reveló otros detalles alarmantes. La red criminal intentó reclutar no solo a policías, sino también a miembros del sistema judicial y periodistas, para obtener información privilegiada e influir en el curso del caso. Según los investigadores, el abogado Márquez incluso intentó organizar una campaña de desprestigio contra uno de los principales investigadores, vinculándolo con narcotraficantes de la zona de Son Banya en Mallorca.
Para el lavado de dinero se utilizaron negocios legales, incluidos concesionarios de automóviles registrados a nombre de testaferros. Uno de los colaboradores más cercanos de Miloevich, Carlos Hervás, se encargaba de la logística y proporcionaba a la banda vehículos de lujo, que también estaban involucrados en las tramas financieras fraudulentas.
El desenlace de la operación y las consecuencias para la región
Como resultado de una operación policial a gran escala, se detuvo a 76 personas, se incautaron cantidades récord de droga y se destapó un sofisticado esquema de blanqueo de capitales provenientes del crimen. El caso se convirtió en uno de los más sonados en la historia de las Islas Baleares, poniendo en tela de juicio la eficacia de las unidades antidroga y generando un intenso debate sobre la corrupción policial.
Actualmente, los principales implicados en el caso esperan juicio y la investigación continúa. Las autoridades prometen reforzar el control sobre las fuerzas de seguridad y aumentar la lucha contra el crimen organizado en las islas.












