
Nuevas revelaciones sobre la vida privada del rey emérito Juan Carlos I siguen sacudiendo a la sociedad española. Esta vez, el centro de la atención es la historia de su larga relación secreta con la reconocida fotoperiodista Keka Campillo. Su vínculo, cuidadosamente oculto de la mirada pública, duró casi tres décadas y se convirtió en uno de los secretos mejor guardados del monarca. Quienes conocieron a Keka, fallecida en 2015, la describen como una mujer carismática y alegre que hasta el último día mantuvo una absoluta lealtad y silencio sobre su relación con el rey.
El velo de este secreto lo ha levantado la hija de la fotoperiodista, Carmen. Ella decidió contar la historia de su madre, ya que la propia Keka no tuvo oportunidad de hacerlo. El cáncer truncó su vida e impidió que pudiera escribir las memorias con las que quería compartir su destino. «La enfermedad le impidió contar su vida y yo me convertí en guardiana de ese deseo. Es parte también de mi historia, por eso quise relatarla personalmente», explicó Carmen. Recuerda con inmenso orgullo a su madre, que la tuvo a los 21 años y, siendo una trabajadora incansable, la crió sola. Actualmente, Carmen, abogada de profesión, es madre de dos hijos y conserva con especial cuidado el legado fotográfico de su famosa madre.
Keka y Juan Carlos se conocieron en los años 80. Por entonces ella estaba casada con el periodista Javier Rodrigo. Su romance comenzó gracias a la mediación de Sabino Fernández Campo, quien fue jefe de la Casa Real de 1990 a 1993. Él mismo organizaba sus encuentros secretos en una furgoneta aparcada en la zona forestal de El Pardo, a las afueras de Madrid. «A veces llamaba a casa y yo sabía que era él, el rey, preguntando por mi madre. Tuvimos que acostumbrarnos a su presencia invisible en nuestras vidas», recuerda Carmen.
Su relación se prolongó durante 29 años. Durante todo ese tiempo, Keka no solo fue su amante, sino también la fiel guardiana de los secretos del monarca. Actuó como una especie de intermediaria entre él y la prensa, ayudando a evitar filtraciones indeseadas y controlando las publicaciones. Fue precisamente Campillo quien, gracias a sus contactos, consiguió retirar de circulación unas fotografías de Juan Carlos desnudo. Su lealtad a la monarquía era inquebrantable. Aunque el rey le aseguraba que era “la única en su vida”, Keka sabía perfectamente que no era así. Conocía sus relaciones con Bárbara Rey, Marta Gayá e incluso estaba al tanto de la aparición de Corinna Larsen en la vida del rey, lo que le generaba desconfianza, pero nunca lo demostró y guardó silencio.
Tras jubilarse, Keka Campillo regresó a su ciudad natal, Cáceres. Comenzó a trabajar en sus memorias, pero una grave enfermedad truncó sus planes. El 4 de mayo de 2015 falleció de cáncer de pulmón. En su funeral había dos fotografías. En una de ellas, Keka aparece sonriendo con su inseparable cámara de fotos. La otra, una imagen de gran tamaño, era una de sus favoritas. “Es una niña a la que fotografió durante la visita oficial de los Reyes a Nepal, uno de sus últimos trabajos”, contó entonces su hija.
Cabe recordar que Juan Carlos I fue jefe de Estado de España desde 1975 hasta 2014. Desempeñó un papel clave en la transición del país de la dictadura a la democracia, lo que le granjeó un enorme respeto tanto en España como a nivel internacional. Sin embargo, los últimos años de su reinado estuvieron marcados por una serie de escándalos, como acusaciones de corrupción y polémicas sobre su vida personal. En 2014, abdicó en favor de su hijo, quien subió al trono como Felipe VI. Tras la abdicación y nuevas investigaciones financieras, Juan Carlos I abandonó España en 2020 y desde entonces reside principalmente en Abu Dabi.











