
En la noche del 6 al 7 de enero, en la zona de La Barceloneta en Barcelona, transeúntes hallaron el cuerpo de un hombre que, según la policía, no tenía domicilio fijo. Tenía 57 años. El fallecimiento se produjo en plena plaza pública, donde intentaba resguardarse del viento penetrante y el frío intenso. Durante esos días, la temperatura en Cataluña cayó bruscamente y la ciudad quedó sometida a un auténtico temporal invernal.
La policía no encontró indicios de muerte violenta. Según informaciones preliminares, la causa de la tragedia fueron factores naturales relacionados con la hipotermia. No obstante, como marca el protocolo, se realizará una autopsia forense. El hombre, llamado Eusebio, solía encontrarse en la zona de Les Corts, pero en los últimos días se desplazó a La Barceloneta, donde terminó su vida.
Quinta víctima en un mes
La muerte de Eusebio se convirtió en la quinta de una persona sin hogar en Barcelona en las últimas cinco semanas. Solo esta semana, en la vecina Badalona, también fue hallada muerta una persona que dormía en la calle. Voluntarios y organizaciones benéficas alertan: el número de fallecidos sigue creciendo y los servicios municipales no logran responder con la rapidez que exige el invierno.
Las organizaciones sociales que trabajan con personas sin hogar han expresado públicamente su indignación. Consideran que las autoridades municipales hacen insuficiente para proteger a quienes se ven obligados a vivir en la calle. Según sus datos, en Barcelona unas dos mil personas se ven obligadas a dormir al raso y los lugares adicionales en los albergues se habilitan con demasiada lentitud y en cantidad insuficiente.
Falta de medidas
Las autoridades de Barcelona han anunciado la apertura de cien nuevas plazas en los albergues, pero esto resulta claramente insuficiente. Representantes de organizaciones benéficas señalan que, bajo condiciones de frío extremo, incluso una breve estancia en la calle puede costar la vida. Exigen a los ayuntamientos ampliar de inmediato la red de refugios temporales y garantizar el acceso a ellos las 24 horas.
El problema se agrava especialmente en periodos de bajas temperaturas repentinas, cuando por la noche el termómetro cae hasta niveles críticos. En esos días, muchas personas sin hogar literalmente están al límite de la supervivencia. Mientras que para la mayoría de los ciudadanos el frío es solo una molestia temporal, para quienes viven en la calle representa una amenaza mortal.
La ciudad y la indiferencia
La muerte de Eusebio provocó un fuerte debate en las redes sociales y entre los vecinos de Barcelona. Muchos se preguntan: ¿cómo es posible que en una gran ciudad moderna, donde existen todas las condiciones para una vida confortable, alguien tenga que morir en la calle? Son numerosos los que opinan que el problema de las personas sin hogar dejó de ser solo una cuestión social para convertirse en un asunto de dignidad humana y solidaridad.
Al mismo tiempo, parte de la ciudadanía señala que las medidas de apoyo existentes suelen resultar inaccesibles para los más vulnerables. La burocracia, la falta de información e incluso la simple indiferencia hacen que muchas personas queden sin ayuda. Y mientras las autoridades debaten sobre presupuestos, sigue habiendo muertes en las calles.
Un reto para la ciudad
Barcelona, al igual que muchas otras grandes ciudades de Europa, enfrenta un problema creciente de personas sin hogar. Las dificultades económicas, el aumento de los precios de la vivienda y la desigualdad social hacen que cada vez más personas queden al margen de la sociedad. Cada nueva muerte en la calle no es solo una tragedia, sino también una señal de que el sistema no está funcionando.
Mientras unos debaten las causas y buscan responsables, otros continúan luchando por sobrevivir en condiciones que difícilmente pueden llamarse humanas. Y parece que, en esta lucha entre el frío y la indiferencia, quien pierde es la persona.












