
En octubre de 2025, especialistas de la Agencia Espacial Europea (ESA) realizaron un experimento único: por primera vez, para precisar la trayectoria del cometa interestelar 3I/ATLAS, se utilizaron datos obtenidos desde una nave en órbita alrededor de Marte. Hasta entonces, todos los cálculos se basaban exclusivamente en información proveniente de telescopios terrestres.
A inicios de octubre, el cometa 3I/ATLAS pasó a unos 29 millones de kilómetros de Marte. Durante ese período, la sonda ExoMars Trace Gas Orbiter (TGO), que orbita el Planeta Rojo, fue reorientada para observar este raro objeto. Los ingenieros tuvieron que adaptar la cámara CaSSIS, originalmente destinada a fotografiar la superficie marciana, para que pudiera captar el cometa en el fondo estrellado del cielo.
La tarea técnica resultó compleja: los astrónomos debían considerar no solo la posición del cometa, sino también las coordenadas exactas de la sonda en la órbita de otro planeta. Esto requirió una estrecha colaboración entre varios equipos y socios de la ESA, así como la adaptación de los métodos estándar de astrometría. Como resultado, se logró multiplicar por diez la precisión en la predicción del movimiento de 3I/ATLAS.
Por primera vez, las mediciones obtenidas fueron oficialmente incorporadas a la base de datos internacional Minor Planet Center (MPC), que recopila información sobre pequeños cuerpos del Sistema Solar. Este avance representa un paso importante en el desarrollo de métodos de observación de objetos interplanetarios e interestelares mediante estaciones automáticas fuera de la Tierra.
La ESA señaló que, aunque 3I/ATLAS no representa peligro para los planetas, la experiencia de observación resultó sumamente valiosa para perfeccionar los sistemas de defensa planetaria. La agencia realiza un seguimiento regular de asteroides y cometas potencialmente peligrosos para reaccionar a tiempo ante posibles amenazas.
El experimento con ExoMars TGO demostró que las sondas espaciales en la órbita de otros planetas pueden mejorar significativamente la precisión de las observaciones astronómicas. Esto abre nuevas oportunidades para estudiar objetos que atraviesan el Sistema Solar y permite coordinar de manera más eficiente el trabajo de equipos científicos internacionales.
En el futuro, métodos como este podrían convertirse en el estándar para el monitoreo de cuerpos interestelares, así como para alertas tempranas sobre posibles amenazas desde el espacio. El éxito de la misión ExoMars TGO supuso una contribución importante al avance de la astronomía y consolidó la posición de Europa en el ámbito de la exploración espacial.












