
A principios del siglo XX, en Madrid nació Carmen Gurtubay y Alsóla, una joven cuya vida bien podría haber sido un ejemplo clásico de serenidad aristocrática. Sin embargo, su destino se transformó en una sucesión de hechos dramáticos que cambiaron para siempre no solo su propia existencia, sino también la percepción del papel de la mujer en la historia de España. Desde niña, Carmen estuvo rodeada de lujo, de la educación de institutrices y de recepciones en sociedad, y su nombre aparecía a menudo en las páginas de revistas de moda. Deslumbraba en los bailes, conducía automóviles y sorprendía a sus contemporáneos por su pasión por el deporte y los viajes.
Pero detrás de esa fachada de vida despreocupada se encontraba una personalidad que no aceptaba una vida predestinada. Tras la temprana muerte de su padre y el segundo matrimonio de su madre, Carmen se vio inmersa en una estructura familiar aún más compleja, donde los títulos y las influencias lo determinaban todo. Su primer matrimonio, con el diplomático Alfonso Merry del Val en Washington, terminó rápidamente debido a diferencias políticas irreconciliables. Carmen se inclinaba cada vez más hacia ideas de izquierdas, lo que generaba tensiones en su entorno y provocaba conflictos constantes.
Ruptura con el pasado
En 1936, en vísperas de la Guerra Civil, Carmen da un nuevo paso y contrae matrimonio civil con el marqués Ángel Fernández de Liencres. Esta unión la aleja definitivamente de su familia y del círculo aristocrático. Al estallar la guerra, abandona Madrid, se instala en Barcelona y más tarde en París. Allí, Carmen no solo apoya a la República, sino que se convierte en una activa participante de la resistencia clandestina. Su energía y determinación impresionan incluso a políticos y diplomáticos experimentados.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Carmen establece contacto con los servicios secretos estadounidenses. Transmite información clave sobre el traslado de bienes saqueados por los nazis y pasa a ser vigilada por agentes alemanes. La policía española y portuguesa la detiene en varias ocasiones a petición de servicios secretos extranjeros, pero Carmen siempre logra salir de situaciones difíciles sin perder la calma.
Vida en el exilio
Tras la guerra, la presión del régimen de Franco se intensifica. En 1945, Carmen se ve obligada a abandonar España para evitar ser arrestada. Rompe totalmente los lazos con su familia pero continúa su actividad política. En Berlín participa en congresos internacionales donde se debate el futuro de Europa sin dictaduras. Carmen se convierte en un nexo entre republicanos y monárquicos españoles que buscan vías hacia cambios democráticos.
En 1948, en París, conoce a John Mackie-Norton, un canadiense que se convierte en su tercer esposo. Su encuentro ocurre en el bar del hotel Ritz, un ambiente digno de una novela de espías. John recordaba a Carmen como una mujer de mirada penetrante y extraordinaria fortaleza interior. Durante estos años, ella continúa colaborando con los servicios de inteligencia estadounidenses y, además, obtiene estudios superiores, graduándose en Filosofía y Letras.
El misterio de las memorias
Carmen pasa sus últimos años en París, donde la llaman la ‘marquesa’. Escribe sus memorias con la esperanza de revelar al mundo los entresijos de la guerra y la vida en el exilio. No obstante, tras su muerte en 1959, su madre prohíbe la publicación de estos recuerdos. Hasta ahora se desconoce si fueron destruidos o aún se conservan en el archivo familiar. Esta historia sigue siendo uno de los enigmas más intrigantes de la aristocracia española y el espionaje del siglo XX.
Carmen Gurtubay y Alsóla es una figura que desafía los estereotipos sobre las mujeres de su época. Su biografía no sólo es una crónica de dramas personales e intrigas políticas, sino también un ejemplo de cómo una decisión personal puede cambiar el rumbo de la historia. Descansa en el cementerio de Montparnasse, en París, dejando tras de sí numerosas preguntas y misterios sin resolver.
Carmen Gurtubay y Alsola es una aristócrata española cuya vida se ha convertido en símbolo de resistencia interna frente a la imposición de las tradiciones y la presión política. Su trayectoria, desde los salones de la alta sociedad madrileña hasta operaciones clandestinas en París, ilustra cómo la valentía personal y la convicción pueden transformar a una persona en figura clave de toda una época. Su actividad durante la Guerra Civil y la posguerra influyó en las relaciones internacionales y en los destinos de muchas personas, y sus memorias inéditas siguen despertando la imaginación de historiadores y lectores.











