
En vísperas de las fiestas navideñas, un acontecimiento de gran relevancia se avecina en una de las casas aristocráticas más ilustres de España: la familia Alba. El actual jefe de la familia, Carlos Fitz-James Stuart, ha decidido poner fin a años de enemistad e invitar a su hermano Cayetano a la tradicional cena de Nochebuena. Este gesto de reconciliación es el que tanto anhelaba su difunta madre, la célebre duquesa Cayetana.
La última vez que los seis hijos de la duquesa —Carlos, Alfonso, Jacobo, Fernando, Cayetano y Eugenia— se sentaron juntos a la mesa fue hace más de diez años, en el Palacio de Liria, en Madrid. En aquella ocasión, su madre logró lo que parecía imposible: reunirlos a todos y celebrar una gran fiesta familiar. Ese encuentro se convirtió en símbolo de unidad. Sin embargo, tras su muerte, los lazos familiares comenzaron a resquebrajarse. Cayetano Martínez de Irujo lleva ocho años sin asistir a la cena de Navidad, y hay motivos de peso para ello.
La discordia comenzó cuando Carlos, tras heredar el título de duque, modificó la lista de invitados e incluyó de ella a Genoveva Casanova, la exesposa de Cayetano, que seguía siendo parte de la familia incluso después del divorcio. En respuesta, Cayetano se solidarizó y se negó a asistir a la celebración sin la madre de sus hijos. Desde entonces, su lugar en la mesa de Nochebuena ha permanecido vacío.
Parece que, por fin, las cosas empiezan a cambiar. Este año, la invitación no solo ha sido extendida a Cayetano, sino también a su actual pareja, Bárbara Mirjan, así como a sus hijos Luis y Amina. No se espera el regreso de Genoveva Casanova, ya que ella ha comenzado una nueva vida entre México y Estados Unidos. Este acercamiento no ha sido una sorpresa total. Vino precedido de gestos significativos: el reciente y cálido abrazo entre los hermanos en una boda en Sevilla, que puso fin a las disputas públicas, y el encuentro veraniego de Cayetano con su hermana Eugenia en Sotogrande, donde, sonriendo, enterraron viejas rencillas.
Si Cayetano acepta la invitación, le espera una velada impregnada de tradiciones instauradas por su madre. En Nochebuena, el salón principal del Palacio de Liria se engalana con platos selectos: crema de mariscos, blinis con caviar, pavo y, de postre, pudding inglés. Tras la cena, la familia suele acudir a la misa de medianoche en la capilla del palacio. Aquí es tradición abrir los regalos el 24 de diciembre, ya que era el único día en que todos los hijos de la duquesa estaban asegurados. Al día siguiente, en Navidad, la familia solía almorzar en uno de sus restaurantes favoritos, ya que el servicio tenía libre. Ahora, toda España espera expectante: ¿tendrá lugar, por fin, este esperado reencuentro en el histórico palacio?












