
Almería se ve sacudida por un sonado escándalo de corrupción: el juez que instruye el caso sobre la compra de mascarillas médicas para la Diputación de Almería ha detectado serios indicios de la implicación del ex presidente de la provincia, Javier Aureliano García, y su antiguo vicepresidente, Fernando Giménez, en la recepción de comisiones ilegales. Ambos políticos, que ocuparon puestos clave en el gobierno local, fueron detenidos tras la publicación del auto judicial que detalla su posible papel en manipulaciones relacionadas con contratos públicos.
Chats encriptados y conversaciones sospechosas
El foco de la investigación está en los mensajes entre García, Giménez y el ex vicepresidente de la Diputación, Óscar Liria. La instrucción ha determinado que, desde 2017, estos funcionarios mantenían una comunicación activa en un chat grupal llamado Naranjito, empleando un peculiar argot ‘odontológico’. En sus mensajes eran frecuentes las referencias a visitas al dentista, limpiezas dentales y tratamiento de caries, aunque las conversaciones se daban en el contexto de la preparación de multimillonarios contratos de suministros médicos.
El juez destacó que este tipo de terminología se utilizaba con demasiada frecuencia y claramente no se ajustaba al contexto de los temas discutidos. Según la investigación, bajo estas expresiones ‘dentales’ se ocultaban acuerdos reales sobre el reparto de comisiones y la discusión de detalles de negocios dudosos. Llamó especialmente la atención un momento en el que uno de estos mensajes fue enviado apenas unos minutos después de la firma de un contrato para el suministro de mascarillas por un valor de dos millones de euros.
Operaciones en efectivo y vínculos familiares
Además de los intercambios de mensajes, el tribunal puso especial interés en las grandes sumas de dinero en efectivo manejadas por el ex presidente de la Diputación. En el expediente figuran pagos regulares de una hipoteca por casi 20.000 euros, realizados a través de cajeros automáticos en Roquetas de Mar y El Ejido, a la cuenta de la hermana de García. La investigación sospecha que la familiar podría estar implicada en un esquema de lavado de dinero, ya que el origen de estos fondos resulta poco claro.
Otra operación sospechosa fue la entrega de 20.000 euros en efectivo por un terreno. El juez subrayó que el origen de este dinero no está respaldado por documentación bancaria oficial, lo que resulta especialmente preocupante, considerando el cargo público de García. También llamó la atención la compra del 100% de un inmueble que antes pertenecía a todos sus hermanos, sin transferencias bancarias transparentes para cubrir la parte restante del pago.
Esquemas financieros complejos y reacción de la defensa
La investigación también examina numerosas operaciones bancarias entre García, sus hermanos y la propiedad común que crearon — la llamada comunidad de bienes García Molina. Según el tribunal, esta estructura podría haberse utilizado para legalizar fondos obtenidos de forma ilícita y facilitar su uso posterior en la economía legal. En la documentación del caso se señala que este tipo de esquema podría haberse llevado a cabo con la participación de varios miembros de la familia.
El abogado de García insiste en que todas las operaciones financieras fueron declaradas y reflejadas en las declaraciones fiscales de su defendido. Sin embargo, el tribunal continúa revisando el origen de los fondos y analiza la posible implicación de los familiares en el blanqueo de capitales.
La investigación continúa y surgen nuevos detalles
La investigación sobre la compra de mascarillas en la Diputación de Almería sigue su curso. El juez subraya que los hechos descubiertos son solo una parte de una trama más amplia en la que podrían estar implicados otros cargos públicos. Próximamente se esperan nuevos interrogatorios y posiblemente la ampliación del número de sospechosos.
Por el momento, los antiguos responsables de la provincia siguen bajo investigación, mientras la sociedad almeriense observa atentamente el desarrollo de los acontecimientos. El escándalo por la adquisición de material sanitario en plena pandemia vuelve a poner sobre la mesa las dudas sobre la transparencia de los contratos públicos y la responsabilidad de los funcionarios en la gestión de los fondos públicos.












