
En el monasterio de Belorado, en la provincia de Burgos, se intensifica un conflicto que desde hace meses ocupa los titulares de la prensa española. Un grupo de exclarisas, excomulgadas por romper con el Vaticano, ha recibido una orden judicial firme del tribunal de Briviesca para abandonar el convento antes del 10 de febrero. Ahora, las mujeres que hasta hace poco formaban parte de la comunidad católica ya no cuentan con mecanismos legales ni eclesiásticos para resistirse.
La decisión judicial, dictada tras varios intentos fallidos de desalojo, esta vez no da derecho a apelación a las monjas. Si se niegan a salir voluntariamente del monasterio, la Guardia Civil intervendrá para asegurar que la orden se cumpla. Las autoridades subrayan que no se trata solo de una disputa religiosa, sino también de derechos de propiedad, ya que tras la ruptura con la Iglesia, las exclarisas perdieron formalmente el derecho a residir en el monasterio.
Escalada del conflicto
La situación en torno al monasterio se agravó después de que el Arzobispado de Burgos anunciara dos resoluciones judiciales que exigen el desalojo de las instalaciones en el plazo de un mes. Recientemente, agentes de la Guardia Civil ya accedieron al monasterio y a otra propiedad de la orden, investigando la posible venta ilegal de arte sacro. Dos monjas fueron detenidas, pero quedaron en libertad con la obligación de no abandonar la zona.
La jueza de Briviesca, encargada del caso, subrayó que el edificio debe ser desalojado en el plazo de un mes y que ninguna circunstancia podrá retrasar la ejecución de la resolución. Si el monasterio no es abandonado antes de las 9:30 de la mañana del 10 de febrero, las fuerzas del orden tendrán autorización para emplear la fuerza en el desalojo.
Intervención de las autoridades
La actuación de la Guardia Civil no se limitó únicamente a investigar posibles irregularidades con los bienes eclesiásticos. Recientemente, los agentes evacuaron a cinco mujeres mayores con enfermedades crónicas para garantizarles seguridad y atención médica. Este hecho envió una nueva señal de alarma a las monjas que aún permanecen en el convento.
Al mismo tiempo, algunas exclarisas ya se trasladaron a otro monasterio en Bizkaia, donde fueron acogidas las de mayor edad. Sin embargo, la mayoría todavía permanece en Belorado, pese a la presión tanto de la Iglesia como del Estado.
Acusaciones y temores
Las propias monjas aseguran ser víctimas de persecución. Denuncian casos de envenenamiento de sus perros y afirman sentirse aisladas y vulnerables. Según ellas, las autoridades eclesiásticas pretenden desalojar por completo el monasterio de quienes no aceptan la línea oficial del Vaticano.
La orden judicial exige que el monasterio sea entregado a las hermanas que permanecieron fieles a la orden de Santa Clara (Santa Clara) y obedecen a la Archidiócesis. Para las exclarisas, esto implica no solo perder su hogar, sino también cortar definitivamente todos los vínculos con su vida anterior.
Consecuencias de la resolución
Todo lo que ocurre en Belorado no es simplemente un conflicto local. Es la historia de un choque entre tradiciones y nuevas ideas, del poder de la Iglesia frente a los derechos individuales, y de hasta dónde pueden llegar ambas partes en la defensa de sus convicciones. La sociedad española sigue el desarrollo de los acontecimientos con evidente interés y preocupación.
La cuestión sobre el destino de las exmonjas sigue abierta. Su desalojo podría sentar un precedente para casos similares en todo el país. Por ahora, en Belorado reina una tensa expectativa: ¿qué sucederá la mañana del 10 de febrero, cuando venza el ultimátum?












