
En junio de 2016, un escándalo sacudió Barcelona y estuvo a punto de costarle a dos agentes de los Mossos d’Esquadra casi dos décadas de prisión. Se les acusaba de haber puesto supuestamente drogas y armas en el coche de un estibador portuario para luego detenerlo. Sin embargo, tras años de procedimientos judiciales, el tribunal los absolvió por completo al no encontrar pruebas concluyentes.
La historia comenzó cuando Carlos L. fue a entrenar al gimnasio de la avenida Diagonal. Mientras hacía ejercicio, alguien desconocido colocó en su coche casi un kilo de cocaína, además de un arma—una pistola, un hacha y un cuchillo—que ya guardaba allí. Poco después, la policía recibió una llamada anónima: un tal ‘Alberto’ informó sobre un coche sospechoso aparcado en otro barrio de la ciudad. Carlos fue detenido justo al salir del gimnasio y de inmediato aseguró que había sido víctima de una trampa.
Detención y sospechas
Desde el primer momento, Carlos sospechó que detrás estaba su antiguo rival en el puerto—David Caballero, conocido como Bubito. Según él, Bubito lo había acusado de difundir rumores sobre sus vínculos con la policía y el tráfico de drogas. La enemistad entre ambos estibadores llevaba años, y ahora Carlos se encontraba en el centro de un caso penal en el que aseguraba no tener nada que ver.
Tres años después, en 2019, la investigación fue archivada y Carlos quedó absuelto de todos los cargos. Sin embargo, la historia no terminó ahí: comenzó una nueva etapa, la búsqueda de los responsables de la trampa. Finalmente, cuatro personas llegaron al banquillo de los acusados: dos policías y dos supuestos cómplices. Enfrentaban hasta 18 años y 9 meses de prisión por detención ilegal, manipulación de pruebas con drogas y denuncia falsa.
Pruebas dudosas
La investigación determinó que la policía tenía motivos para sospechar que estos cuatro estaban involucrados en la colocación de drogas. Sin embargo, la prueba clave fueron grabaciones de conversaciones obtenidas mediante escuchas en una oficina oficial y en un coche. El tribunal declaró inadmisibles esas grabaciones, ya que la orden para realizarlas se concedió sin justificación suficiente y con un enfoque más preventivo que sustentado en evidencias reales.
Sin estas grabaciones, la acusación solo contaba con los testimonios de los propios acusados y los testigos. Pero aquí también surgieron problemas: dos testigos clave declararon en el juicio que no recordaban nada, y uno de ellos incluso se retractó de sus anteriores declaraciones, asegurando que no había sufrido presión alguna por parte de la policía.
Fracaso de la investigación
El tribunal señaló que los testimonios de Carlos, aunque reflejaban sus sospechas, no contenían pruebas directas que vincularan a los acusados con la colocación de drogas. Él no presenció el momento en que se plantaron las sustancias ni pudo identificar a ninguno de los acusados. Además, los jueces destacaron que las identidades de los informantes anónimos en los que se basó la investigación nunca fueron reveladas durante el proceso. Según el tribunal, esto dejó a la defensa sin la posibilidad de proteger plenamente a sus representados.
Como resultado, el tribunal concluyó que ninguna de las pruebas presentadas permite establecer de manera inequívoca la culpabilidad de los acusados. Todos los cargos fueron retirados y el caso fue archivado.
Si no lo sabía, Mossos d’Esquadra es la policía regional de Cataluña, fundada en el siglo XVIII. Actualmente, es responsable de la seguridad en Barcelona y otras ciudades de la autonomía, además de llevar a cabo investigaciones criminales complejas. En los últimos años, los Mossos han enfrentado varias acusaciones de abuso de poder; sin embargo, la mayoría de estos casos han terminado con sentencias absolutorias por falta de pruebas o por irregularidades procesales.











