
En Navarra ha concluido una investigación mediática relacionada con la supuesta venta de una menor de edad. El juzgado de Tudela decidió archivar el caso por falta de pruebas contundentes y porque la propia adolescente, de 14 años, negó rotundamente todas las acusaciones. Afirmó que estaba en su nueva familia por voluntad propia, que no contrajo matrimonio con el joven de 21 años y que no fue forzada a mendigar.
La investigación no pudo confirmar que se hubiera producido ningún pago —se habló de una suma de 5.000 euros y una botella de whisky, pero no se halló ningún documento ni testimonio que lo comprobara—. Tras interrogar a la menor y ante la falta de otras pruebas, el juez decidió archivar la causa. Todas las medidas de protección a la menor fueron levantadas y regresó con su familia. Ahora, los servicios sociales solo podrán realizar un seguimiento indirecto a través de los servicios sociales.
Cómo se desarrolló el caso
La historia comenzó con una confesión inesperada: el padre de la joven comunicó a la policía que había entregado a su hija a una familia de Mollerussa (Lleida), a cambio de dinero. La madre añadió que, supuestamente, su hija vivía en Francia con su esposo. Poco después, una amiga de la madre presentó fotografías de Facebook que, según ella, mostraban la celebración de una boda. La joven fue vista en un supermercado pidiendo comida, tras lo cual las autoridades de Cataluña asumieron temporalmente su tutela. Cinco personas fueron detenidas, aunque puestas en libertad poco después.
Sin embargo, durante el interrogatorio, la joven declaró que vivía con sus familiares y que no hubo ninguna boda; según ella, las fotos correspondían a otra celebración familiar. Los investigadores no encontraron pruebas ni del matrimonio, ni de la entrega de dinero, ni de hechos de explotación.
Contexto cultural y retos legales
Expertos señalan que en algunas comunidades gitanas rumanas los pagos de dinero por matrimonio se consideran una «dote» tradicional, y que los matrimonios tempranos siguen ocurriendo, a pesar de que la ley española solo permite el consentimiento matrimonial a partir de los 16 años. Sin embargo, la tradición no justifica el incumplimiento de la ley. En estos casos resulta especialmente difícil reunir pruebas: los pagos se hacen de forma informal y los propios implicados suelen evitar colaborar con las autoridades.
También genera dudas hasta qué punto se le explicaron a la menor sus derechos y las posibles consecuencias de su testimonio. Proteger a los menores en estas situaciones es aún más difícil porque su palabra puede ser la única prueba, mientras que la presión familiar y los valores culturales dificultan una valoración objetiva de los hechos.
¿Y ahora qué?
La Fiscalía de Navarra estudia la posibilidad de recurrir la decisión judicial. Entretanto, el destino de la joven ha vuelto a quedar fuera del alcance de las instituciones. El caso ha vuelto a poner de manifiesto lo complicado que es detectar y demostrar casos de trata y matrimonios forzados, especialmente cuando se trata de comunidades cerradas y menores de edad.












