
El proceso judicial por la devastadora DANA, que se cobró 230 vidas en octubre de 2024, se ha transformado en un año en una maraña de revelaciones y giros inesperados. El punto central son las acciones y omisiones del ex presidente del Gobierno valenciano, Carlos Mazón, y su equipo. La investigación ha destapado no solo una cadena de errores fatales, sino también la manipulación deliberada de información, hechos que desembocaron en consecuencias trágicas.
La jueza de Catarroja, Nuria Ruiz Tobarra, ha ido desgranando paso a paso los detalles de lo ocurrido aquel fatídico día. Se descubrió que Mazón pasó casi cuatro horas en el restaurante El Ventorro mientras el temporal azotaba las calles de la provincia. Durante ese tiempo, cientos de personas quedaron expuestas a un peligro mortal y las decisiones que podrían haber salvado vidas no se tomaron a tiempo.
La versión desmontada
En los 43 tomos del caso hay cientos de testimonios, principalmente de familiares de las víctimas. Estos documentos refutaron la versión del llamado «apagón informativo», defendida por representantes del Partido Popular (PP), el gobierno valenciano y los dos principales acusados: la exconsejera de Justicia y Administración Interior, Salomé Pradas, y el exdirector de Emergencias, Emilio Argüeso. Sostenían que la reacción tardía se debió a la falta de datos a tiempo por parte de las estructuras nacionales.
Sin embargo, los mensajes de mensajería presentados por la propia Pradas ante el tribunal desmontaron por completo esta línea de defensa. Al mediodía del día de la catástrofe, las autoridades autonómicas ya disponían de toda la información necesaria sobre la amenaza inminente. A las 11:32, Pradas informó a Mazón de la situación crítica en la zona de Barranco del Poyo. La respuesta de Mazón fue escueta y, por decirlo suavemente, no estuvo a la altura de la gravedad del desastre.
Contradicciones internas
El abogado de la acusación, Manuel Mata, sostiene que el aislamiento de Mazón en El Ventorro no fue casual, sino intencionado. Poco después, la jueza citó a Pradas y al exjefe de gabinete de Mazón, José Manuel Cuenca, a una careo. Cuenca, en su declaración ante el tribunal, negó haber dado alguna instrucción a Pradas el día de la tragedia, pero sus propios mensajes contradicen estas afirmaciones y abren nuevas preguntas sobre su papel.
A esto se sumaron otras revelaciones. Grabaciones de vídeo, ocultas durante casi un año en los archivos gubernamentales, demostraron que fue Pradas quien supervisó personalmente el envío de la alerta masiva Es Alert, destinada a avisar a la población sobre la catástrofe inminente. Sin embargo, la notificación llegó a los teléfonos de los residentes a las 20:11, cuando, según la investigación, ya habían fallecido al menos 155 personas. Durante el interrogatorio, Pradas intentó culpar a los técnicos, pero las imágenes desmienten su versión.
Testimonios y nuevos detalles
La abogada Mamen Peris, que representa a Ciudadanos, señala que los mensajes y los vídeos demuestran que la versión oficial carece de fundamento. En la emergencia reinó el caos y la improvisación, no una dirección clara.
Fue especialmente relevante la declaración de Jorge Suárez, subdirector del servicio de emergencias. Confirmó que el retraso en el envío de la alerta se debió a que Pradas insistió en corregir el texto en valenciano. Esta decisión costó la vida a decenas de personas.
Vínculos políticos
La Asociación de Familiares de las Víctimas, encabezada por Rosa Álvarez, logró que el tribunal citara al líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. La jueza exigió aclarar qué mensajes intercambió con Mazón el día de la tragedia. Se reveló que Feijóo estaba más preocupado por que Mazón controlara la agenda informativa que por coordinar realmente las tareas de rescate.
La periodista Maribel Vilaplana, que almorzó con Mazón en El Ventorro, también fue clave. Su testimonio varió tres veces, pero finalmente admitió que Mazón permaneció comunicado y recibió llamadas, y que tras la catástrofe eliminó todos sus mensajes con él, alegando un ataque de pánico. La familia de Vilaplana sostiene que esto demuestra que Mazón estaba al tanto de lo ocurrido mientras seguía comiendo.
El precio de la inacción
Toda esta historia no es solo una serie de errores burocráticos. Es una tragedia en la que una vida humana quedó atrapada entre juegos políticos, incompetencia y el miedo a perder la reputación. La investigación judicial sigue revelando nuevos detalles, y cada hecho descubierto refuerza la sensación de que esta desgracia pudo haberse evitado si las decisiones se hubieran tomado a tiempo y con honestidad.












