
En la Comunidad Valenciana se ha desencadenado una intensa batalla política por la presidencia de la autonomía. Tras la dimisión de Carlos Mazón, motivada por el descontento social ante las consecuencias de una tormenta devastadora, el futuro de la región ha quedado estrechamente ligado a la postura de Vox. El líder del partido, Santiago Abascal, ha impuesto una condición: solo apoyarán al candidato del Partido Popular si se rechaza por completo la participación en el Green Deal europeo.
Este ultimátum pone en riesgo casi la mitad de los fondos asignados a la Comunidad Valenciana por la Unión Europea para el periodo 2021–2027. De más de mil millones de euros previstos para la región, más de 460 millones están vinculados directamente a proyectos de transformación ecológica, modernización de infraestructuras y lucha contra las consecuencias de catástrofes climáticas. Sin embargo, a pesar de la importancia de estos recursos, a mediados de noviembre de 2025, las autoridades autonómicas solo habían planificado un tercio de los fondos disponibles y prácticamente no habían iniciado la ejecución.
Proyectos medioambientales en peligro
Un lugar destacado entre las iniciativas lo ocupa el programa Vega Renhace, orientado a proteger las zonas más vulnerables a las inundaciones, así como a modernizar la infraestructura portuaria ante los nuevos riesgos climáticos. Está previsto aumentar la eficiencia energética de los edificios públicos, implantar fuentes renovables y desarrollar tecnologías para la producción de hidrógeno verde. Todas estas medidas buscan no solo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, sino también preparar la región para nuevos fenómenos meteorológicos extremos.
De forma paradójica, precisamente aquellos proyectos que podrían ayudar a la Comunidad Valenciana a afrontar las consecuencias de recientes catástrofes se ven amenazados por desacuerdos políticos. Vox insiste en endurecer la política migratoria y rechazar las iniciativas climáticas, a pesar de que gran parte de los fondos europeos está destinada a prevenir nuevas tragedias y apoyar a los territorios afectados.
Impacto económico y social
La posible retirada del Pacto Verde podría conllevar la congelación o cancelación de programas de apoyo empresarial, modernización industrial y desarrollo de la movilidad sostenible. Para las empresas locales y la ciudadanía, esto supondría perder acceso a subvenciones e inversiones que podrían ser motores de crecimiento e innovación. Además, la región se arriesga a quedarse sin fondos para la recuperación de ecosistemas, la protección frente a sequías e incendios, y la mejora del abastecimiento de agua, retos especialmente relevantes para València ante el cambio climático.
A largo plazo, esta decisión podría frenar el desarrollo económico de la autonomía, restar atractivo para los inversores y agravar problemas sociales. Muchos proyectos requieren la cofinanciación del sector privado, y rechazar los programas europeos puede ahuyentar a socios potenciales.
El futuro de la región depende de un acuerdo político
El destino de cientos de millones de euros y de iniciativas estratégicas depende ahora del resultado de las negociaciones entre el Partido Popular y Vox. Los políticos tienen hasta el 19 de noviembre para alcanzar un acuerdo y definir el rumbo que tomará València en los próximos años. Si el pacto fracasa, la región no solo podría perder una parte significativa de las inversiones europeas, sino también enfrentarse a nuevos desafíos en los ámbitos ecológico, económico y de estabilidad social.












