
En el distrito madrileño de Puente de Vallecas, la vida se ha convertido desde hace tiempo en una lucha constante contra los atascos interminables. Esta situación se siente especialmente en el barrio de Numancia, donde residen más de 50.000 personas. Aquí, la densidad de población es una de las más altas del país y las calles estrechas no están preparadas para tal volumen de tráfico.
Cada mañana, la calle Peña Prieta se transforma en un auténtico laberinto de tráfico. Camiones, autobuses y coches particulares se amontonan en largas filas intentando salir del barrio. El problema no desaparece el resto del día: el movimiento es constante y los atascos se han vuelto parte habitual de la vida para los vecinos.
Restricciones a la salida
La situación se agravó desde que en 2015 se cerró el acceso directo a la M-30 para los vehículos particulares. Ahora solo pueden pasar autobuses y taxis. El resto tiene que desviarse por la calle Monte Olivetti, luego por Sierra de Javalambre y finalmente incorporarse a la Avenida de la Albufera. Esta ruta añade varios minutos al trayecto, aunque la congestión puede hacer que la demora llegue hasta diez minutos incluso en trayectos cortos.
Los vecinos denuncian el ruido constante, los gases de escape y la imposibilidad de abrir tranquilamente las ventanas. Según una de las residentes, Julia Ramos, la situación solo ha empeorado en los últimos años. El barrio sigue atrayendo a nuevas familias, interesadas por su proximidad al centro de Madrid y los precios relativamente asequibles de la vivienda. Pero esto ha hecho crecer también la presión sobre el sistema de transporte.
Vivir entre atascos
En el cruce de Monte Olivetti y Sierra de Javalambre se ubica una oficina de correos, lo que solo añade más caos. Basta con que un coche se detenga en doble fila para que el tráfico quede completamente paralizado. Los vecinos cuentan que en esos momentos es imposible aislarse del ruido incluso dentro de casa: el claxon y los gritos de los conductores resuenan por todas partes.
La implantación de un carril exclusivo para autobuses en la Albufera ha dejado a los conductores particulares con solo un carril para circular. Como consecuencia, todos los que intentan salir desde Numancia se encuentran con los que circulan por la arteria principal del barrio. Esto genera un enorme atasco que no se disipa ni siquiera fuera de las horas punta.
Infracciones y multas
Desesperados por la falta de mejoras, algunos conductores optan por infringir las normas y acceden a la M-30 por el carril reservado al transporte público. Sin embargo, la policía municipal suele montar controles y sancionar a los infractores. Uno de los transportistas locales admite que ya ha recibido varias multas, pero no ve otra solución, especialmente cuando tiene prisa para llegar al trabajo.
Vecinos y asociaciones han solicitado en repetidas ocasiones al Ayuntamiento que restablezca el acceso directo a la M-30. Sin embargo, de momento sus peticiones no han obtenido respuesta. En su día se planteó la construcción de un túnel que permitiría aliviar la congestión en la zona, pero por el alto coste y la complejidad de la obra, el proyecto nunca se llevó a cabo.
Sin cambios
Por ahora, la situación sigue igual. Cada día, los vecinos de Vallecas se ven obligados a convivir con atascos, ruido y contaminación del aire. Muchos ya no confían en que las autoridades municipales puedan ofrecer una solución real al problema del tráfico en un futuro próximo.
Si no lo sabía, Manuela Carmena es la exalcaldesa de Madrid, bajo cuyo mandato se debatieron proyectos para mejorar el tráfico en Vallecas. Ella impulsó la plataforma Decide Madrid, donde los ciudadanos podían presentar sus propuestas para el desarrollo de la ciudad. A pesar de la participación activa de la ciudadanía, la mayoría de las iniciativas no se llevaron a cabo y la cuestión del acceso a la M-30 sigue sin resolverse hasta hoy.











