
A principios de la década de 2010, Carles Puigdemont se convirtió en un símbolo de cambio para los nacionalistas catalanes. Su victoria en las elecciones municipales de Girona en 2011 puso fin al largo dominio socialista y le abrió las puertas de la gran política. Pronto pasó a ser protagonista, liderando una coalición que unió a independentistas de todo el espectro político.
Sin embargo, tras ese rápido ascenso llegó una serie de reveses. El movimiento independentista catalán quedó fragmentado y el propio Puigdemont se vio obligado a abandonar España para evitar ser procesado judicialmente. Su partido, Junts per Catalunya, perdió influencia en el gobierno regional, primero dejando paso a Esquerra Republicana y después a los socialistas. Desde 2021, Junts está ausente de la gestión de Cataluña.
El cambio de rumbo de Junts y sus nuevas prioridades
A pesar de la amnistía y los intentos del gobierno central de rebajar la tensión, Junts bajo el liderazgo de Puigdemont ha adoptado una postura de férrea oposición. El partido repite cada vez más demandas típicas de la derecha: reducción de impuestos, eliminación del impuesto de sucesiones y endurecimiento de la política migratoria. En el discurso de los portavoces de Junts se ha vuelto habitual la crítica dura al gobierno, mientras que la colaboración con partidos de izquierda genera un evidente malestar en sus filas.
El partido ha dejado atrás por completo la antigua ideología de Convergència, que combinaba elementos de la democracia cristiana y la socialdemocracia moderada. Ahora Junts se asemeja cada vez más a una fuerza neoliberal clásica, enfocada en los intereses del empresariado y la clase media. Este cambio también se nota en la actitud de sus líderes, quienes no ocultan su descontento ante el apoyo obligado al gobierno de Pedro Sánchez.
Aislamiento político y paradojas de la estrategia
Paradójicamente, Junts, que alguna vez fue considerada el principal motor del soberanismo catalán, hoy actúa cada vez más en sintonía con los partidos conservadores de España. Sus críticas al gobierno coinciden con el discurso de Partido Popular y Vox, lo que genera desconcierto incluso entre algunos independentistas. Las divisiones internas y la ruptura con antiguos aliados como ERC y CUP han reforzado aún más la sensación de aislamiento.
A pesar de sus méritos pasados, Puigdemont no logró consolidarse como un líder nacional. Su intento de proclamar la independencia de Cataluña en 2017 terminó en fracaso, y las consecuencias de aquel paso siguen afectando la vida política de la región. Como resultado, lejos de fortalecer sus posiciones, Junts corre el riesgo de perder definitivamente su influencia y convertirse en una herramienta más en manos de fuerzas derechistas mayores.
El futuro de Junts y el nacionalismo catalán
Hoy Junts se enfrenta a una decisión: mantener la confrontación con el gobierno central o buscar nuevas vías para lograr sus objetivos. Por ahora, el partido apuesta por una oposición dura, pero este rumbo puede llevar a una mayor marginación. El nacionalismo catalán atraviesa momentos difíciles, y el destino de Puigdemont es un claro ejemplo de cuán rápido el éxito político puede convertirse en aislamiento y pérdida de influencia.










