
La visita de Estado de los monarcas españoles a Egipto estuvo rodeada de gran atención desde el principio. Sin embargo, los últimos acontecimientos en la escena internacional, en particular el recrudecimiento del conflicto palestino-israelí, han dado a este viaje un matiz completamente especial, casi dramático. En un contexto marcado por protestas que suspendieron la final de la Vuelta ciclista y por la retirada de España de Eurovisión debido a la situación en Gaza, cada paso de los reyes en El Cairo, ciudad en la frontera con Palestina, fue observado con lupa.
Inicialmente, el viaje estaba previsto como un acto protocolario destinado a ‘fortalecer los profundos lazos históricos, políticos y culturales’, según los comunicados oficiales. Pero la dura realidad introdujo sus propios ajustes. El rey Felipe y la reina Letizia se vieron obligados a modificar sobre la marcha el tono de la visita, demostrando una extraordinaria coordinación y una gran sensibilidad ante el sentir social. Una vez más, actuaron como un fino diapasón capaz de captar el dolor y la preocupación colectiva.
La expresión de la reina Letizia suele ser contenida, pero durante su aparición en el hotel The St. Regis de El Cairo, antes incluso de comenzar a conversar con los invitados, no mostraba ni una pizca de sonrisa. A su habitual seriedad se sumó una marcada severidad que, sin palabras, subrayaba la complejidad del momento. Para quienes dudaban del mensaje, su elección de vestimenta —un sobrio vestido negro— dejó aún más claro el tono. Este gesto se convirtió en el complemento visual a las palabras que pronunciaría después su esposo.
Precisamente en este lujoso hotel de cinco estrellas, situado en el corazón administrativo de El Cairo, se organizó una recepción para trescientos ciudadanos españoles residentes en Egipto. El encuentro con compatriotas, sin duda preocupados por la escalada de tensión en la región, fue el evento principal del primer día. Al dirigirse a ellos, Felipe VI encontró palabras llenas de empatía y apoyo.
El monarca abordó directamente la tragedia en la Franja de Gaza. Señaló que la visita tiene lugar en un momento extremadamente turbulento y trágico para la región. Junto a la reina, expresó su comprensión ante la incertidumbre generada por la situación inestable y transmitió palabras de apoyo de parte suya y de todos los españoles. Felipe VI subrayó que España y Egipto comparten el mismo y firme objetivo de una convivencia pacífica, el diálogo y la reconciliación en Oriente Medio. Según él, este es el único camino hacia la estabilidad y un desarrollo digno para los pueblos.
El Rey reconoció que actualmente este objetivo puede parecer una utopía, pero debe ser alcanzable y cada uno debe aportar su granito de arena. Recordó que el último estallido del conflicto, provocado por un brutal atentado terrorista contra Israel hace casi dos años, proyectó una sombra demasiado larga. Las respuestas militares llevaron a innumerables víctimas, una crisis humanitaria insoportable, sufrimientos indescriptibles para cientos de miles de personas inocentes y la devastación total de Gaza. Durante todo este tiempo, la reina Letizia permaneció a su lado con una expresión imperturbable en el rostro.
Afortunadamente, tras el final de la parte oficial, la tensión disminuyó. Los monarcas pudieron conversar con los invitados en un ambiente más distendido, y por fin se vieron sonrisas en sus rostros. La diáspora española en Egipto cuenta con cerca de mil personas, entre las cuales destacan los arqueólogos. Decenas de científicos coordinan 14 misiones arqueológicas españolas, en las que cada año participan más de un centenar de especialistas.
Además de los científicos, Felipe y Letizia también prestaron atención a los diplomáticos españoles, al personal del Instituto Cervantes y a representantes de organizaciones no gubernamentales e internacionales como el FMI, la UNESCO, el Banco Mundial y ACNUR. El fotógrafo de la Casa Real consiguió captar un momento especialmente emotivo: el rey Felipe sostiene con delicadeza las manos de una monja anciana, que lo mira con una admiración evidente.
El programa de la visita continuará al día siguiente con la ceremonia oficial de bienvenida en el palacio Al-Ittihadiya. Allí, tras el saludo del presidente de Egipto, Abdel Fattah al-Sisi, y su esposa, se ofrecerá un almuerzo en honor a los ilustres invitados. No se prevé una cena de gala, ya que esto no corresponde a las tradiciones protocolarias de la parte anfitriona.












