
Descubrimientos inesperados: cómo los ratones se ayudan mutuamente durante el parto. Durante mucho tiempo se pensó que el apoyo en el nacimiento de crías era una característica exclusiva de los humanos. Los partos en personas suelen estar acompañados de dificultades, por lo que la ayuda de otros se ha convertido en parte de la cultura. Sin embargo, nuevas observaciones de roedores contradicen esta idea.
Anteriormente, este comportamiento solo se había observado en algunos primates, como los monos narigudos (Rhinopithecus) y los bonobos (Pan paniscus). Entre otros mamíferos, tales manifestaciones se consideraban muy poco frecuentes. Habitualmente, los animales prefieren el aislamiento en estos momentos para protegerse a sí mismos y a sus crías de peligros.
A pesar de ser animales sociales, los ratones durante mucho tiempo no fueron objeto de atención de los científicos en este aspecto. La razón es la dificultad de observarlos: estos roedores dan a luz en refugios y su mayor actividad ocurre por la noche. Esto complicaba el estudio de su comportamiento en condiciones naturales.
Experimentos en laboratorio: cómo los roedores ayudan a sus semejantes
Un equipo de investigadores estadounidenses dirigido por Robert Froemke, del Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York, registró accidentalmente una escena inusual. Durante experimentos sobre la actividad cerebral de hembras parturientas, los científicos notaron que otros ratones interactuaban activamente con ellas, e incluso, en ocasiones, les brindaban ayuda real.
Para comprobar la hipótesis, se realizaron experimentos especiales. En ellos se utilizaron ratones hembras preñadas a las que se les desactivaron los receptores de oxitocina, la hormona responsable de las contracciones uterinas. Sin ella, las crías suelen quedarse atascadas en el canal de parto, lo que pone en peligro la vida tanto de la madre como de las crías.
Los animales fueron divididos en dos grupos. En el primero, a cada hembra gestante se le añadió una hembra experimentada que ya había tenido descendencia. En el segundo grupo, las hembras permanecieron solas. En caso de complicaciones, las compañeras experimentadas ayudaban: extraían cuidadosamente a las crías con las patas y los dientes, y luego rompían la bolsa amniótica para que los recién nacidos pudieran respirar.
Los resultados fueron impresionantes: de diez hembras acompañadas por ayudantes, sobrevivieron nueve y casi toda la camada logró sobrevivir. En el grupo sin apoyo, casi todas las gestantes murieron; solo una superó el parto junto con su descendencia.
El papel de la experiencia y los lazos sociales en la supervivencia de las crías
Los científicos decidieron averiguar qué tan importante es la experiencia materna para brindar ayuda efectiva. En un nuevo experimento, las ratonas preñadas sin receptores de oxitocina fueron divididas en tres grupos: con machos, con hembras que nunca habían parido y con hembras cuya oxitocina tampoco funcionaba.
En todos los casos, los compañeros intentaron apoyar a las parturientas. Los machos ejercían presión sobre la espalda para ayudar a expulsar a las crías, y las hembras sin experiencia lamían y masajeaban el vientre. Sin embargo, solo las hembras experimentadas sabían cómo romper la bolsa amniótica, algo fundamental para la supervivencia de las crías.
En estos grupos, la supervivencia de las madres fue mayor, pero ningún cachorro logró sobrevivir: ninguno de los ayudantes pudo liberar a los recién nacidos de la envoltura. Esto demostró que las habilidades adquiridas a través de la experiencia propia como madre juegan un papel fundamental.
Comportamiento social de los roedores: nuevos horizontes para la investigación
Anteriormente, los biólogos ya habían notado que los ratones son capaces de reconocer el estado inconsciente de sus congéneres e incluso intentan «reanimarlos». Ahora se ha descubierto que el cuidado de las crías y el apoyo mutuo durante el parto crean complejos lazos sociales entre estos animales.
Este descubrimiento cambia nuestra visión sobre el comportamiento de los roedores y subraya que incluso criaturas tan pequeñas como los ratones pueden poseer formas complejas de cooperación. Esto abre nuevas vías para investigar la evolución de los instintos sociales en los mamíferos.












