
Últimamente, se habla cada vez más de un método de psicoterapia que, a pesar de surgir a finales del siglo pasado, está viviendo un verdadero renacimiento. En gran medida, esto se debe a las confesiones de estrellas mundiales como la cantante Miley Cyrus. Ella compartió públicamente su experiencia superando el miedo escénico y la ansiedad constante gracias a una técnica conocida como EMDR. Su relato sobre cómo la terapia le permitió profundizar en las causas de sus inquietudes provocó una ola de interés hacia este enfoque, que promete no solo aliviar los síntomas, sino una auténtica transformación interior.
Experiencia de las celebridades: un viaje al fondo de la memoria
La historia de Miley Cyrus suena casi mística. Durante las sesiones, pudo sumergirse en recuerdos que iban más allá de su propia vida y explorar la historia de su familia. La cantante describe esta vivencia como un viaje hipnótico, donde observaba los acontecimientos del pasado como si estuviera viendo una película. Esto le permitió comprender que, en la base de sus miedos, incluida la fobia escénica, existía una profunda necesidad de amor y aceptación transmitida de generación en generación. Según ella, en cuanto entendió la raíz del problema, sintió que se quitaba un enorme peso de encima y el miedo a subir al escenario desapareció para siempre. Esta experiencia marcó un punto de inflexión que la liberó de cadenas que le impedían vivir y crear.
¿Qué es el EMDR y cómo funciona?
El método que tanto ayudó a la artista se llama Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares (EMDR). Fue desarrollado por la psicóloga estadounidense Francine Shapiro en los años 80. La esencia del enfoque consiste en estimular ambos hemisferios cerebrales mediante movimientos alternos de los ojos, sonidos o estímulos táctiles. Los especialistas explican que la información traumática puede “atascarse” en las redes neuronales, quedando sin procesar. Imagine un archivo de computadora que no se cerró correctamente y que ahora provoca fallos constantes en el sistema. El EMDR ayuda al cerebro a “reiniciar” este proceso. Durante la sesión, la persona se concentra, en un entorno seguro, en un recuerdo o sensación dolorosa, mientras el terapeuta guía su atención a través de la estimulación. Esto activa la red neuronal donde la trauma quedó “atrapada” y permite al cerebro finalmente procesarla e integrarla en el sistema general de la memoria. Como resultado, el recuerdo no desaparece, pero pierde su carga emocional dolorosa.
Neurobiología de la sanación: ¿qué ocurre en la mente?
La ciencia moderna confirma que el trauma psicológico deja una huella real en el cerebro. Se activan la amígdala, responsable de la reacción de miedo; el hipocampo, que almacena el contexto del evento; y la corteza prefrontal, que intenta dar sentido a lo ocurrido. Durante el trauma, este mecanismo se altera y la amígdala sigue enviando señales de alarma incluso cuando el peligro ya ha pasado. Según los expertos, el proceso EMDR imita la fase de sueño REM, durante la cual nuestro cerebro procesa las impresiones del día y consolida el aprendizaje. Los movimientos oculares provocan una especie de ‘masaje neuronal’ que ayuda a desbloquear la información atrapada. Así, el cerebro tiene la oportunidad de reinterpretar lo sucedido, y aquello que antes causaba dolor se convierte simplemente en parte de la experiencia pasada, sin provocar una reacción intensa.
Camino hacia la libertad: desde la primera sesión hasta el resultado
La terapia EMDR no es una solución mágica y, por lo general, requiere una fase preparatoria. Las primeras sesiones suelen dedicarse a la evaluación del estado del paciente y a la creación de un ambiente de confianza. Es fundamental que la persona se sienta segura y cuente con los recursos internos necesarios para trabajar con recuerdos difíciles. Sin embargo, en casos de fobias específicas, como en el caso de Miley Cyrus, el trabajo puede empezar desde la primera sesión. El número de encuentros varía: para superar un miedo aislado pueden bastar entre 3 y 6 sesiones, mientras que las traumas complejas requieren más tiempo. Lo principal aquí no es la rapidez, sino la calidad del procesamiento. Lo único del método es que la persona no necesita contar una y otra vez los detalles del evento traumático. Basta con permitir que el cerebro encuentre por sí solo la raíz del dolor y la sane. Los especialistas aseguran que, tras un procesamiento completo, el recuerdo no vuelve. La herida se cura. Por supuesto, pueden surgir otras experiencias relacionadas, pero aquello que ha sido sanado permanece estable. Al final, la persona no solo se libera del miedo, sino que recupera la libertad, la confianza y la alegría de expresarse.












