
El inicio del otoño para muchos se convierte en un periodo de disonancia. El calendario insiste en mostrar septiembre, en la agenda aparecen nuevas tareas, pero el cuerpo parece que aún no ha regresado de las vacaciones de agosto. Sensación de hinchazón abdominal, digestión lenta, pesadez en las piernas y una falta crónica de energía: un escenario familiar. Y no se trata solo de una coincidencia. Según Marina Sáez, farmacéutica y especialista en nutrición que colabora con Naturadika, tras los meses de verano el organismo de muchas personas deja de responder como antes al esfuerzo habitual. ¿Pero cuál es la causa de este estado?
La experta tranquiliza: no se trata de ninguna avería, sino de una sobrecarga banal. Nuestro cuerpo cuenta con potentes sistemas de autolimpieza incorporados, pero si los sometemos a pruebas constantes, empiezan a fallar y no logran asumir la carga. Sin embargo, la situación es reversible y no requiere medidas drásticas. Marina está convencida de que no es necesario recurrir a una estricta dieta de piña ni inscribirse en un retiro ayurvédico para ayudar a nuestro organismo. Basta con proporcionarle lo que realmente necesita y, aún más importante, dejar de hacer aquello que obstaculiza su funcionamiento normal.
Tras semanas de excesos gastronómicos y un horario alterado, el cuerpo no necesita castigos, sino aliados. Una especialista en nutrición asegura que es posible recuperar el control sobre el bienestar a través de pequeños pero constantes hábitos. Se declara rotundamente en contra de los populares programas de desintoxicación, los planes de adelgazamiento ‘milagroso’ y las dietas extremas. A su juicio, el secreto radica en cuatro aspectos clave: garantizar un buen descanso, estimular lo que ella llama ‘drenaje inteligente’, optar por ingredientes funcionales en la alimentación y apoyar los mecanismos naturales de recuperación del organismo.
El primer paso, y el más evidente, es volver a consumir agua pura. Todos lo saben, pero pocos lo aplican en la práctica. Durante el verano, el agua a menudo se reemplaza por refrescos, bebidas alcohólicas o cócteles azucarados, lo que inevitablemente provoca retención de líquidos, digestión lenta y una sensación general de pesadez. Por eso, Marina recomienda firmemente retomar el hábito de beber entre litro y medio y dos litros de agua al día. Este volumen puede incluir infusiones sin azúcar, caldos de verduras, agua con limón o frutas ricas en agua como la sandía, el melón o el pepino.
El movimiento es clave para que todos los sistemas del organismo funcionen de manera coordinada. No es necesario agotarse en el gimnasio. Según el experto, una caminata diaria de media hora, un baño relajado o un paseo en bicicleta pueden transformar significativamente tu bienestar. La actividad física mejora la circulación sanguínea, estimula el sistema linfático y favorece la oxigenación de los tejidos, lo que resulta esencial para eliminar residuos metabólicos y lograr una sensación de ligereza.
Igualmente importante es llenar tu plato con alimentos que ayudan a ‘desbloquear’ el organismo. No se trata de reducir las porciones, sino de mejorar su calidad. Existen ingredientes que realmente ayudan al cuerpo a eliminar lo innecesario. Entre ellos se encuentran las hojas verdes (espinaca, rúcula), ricas en fibra y antioxidantes para apoyar el hígado; las crucíferas (brócoli, coliflor), que contienen compuestos azufrados que estimulan las enzimas de desintoxicación; y las frutas con alto contenido de vitamina C (kiwi, cítricos), que promueven la producción de glutatión, un antioxidante esencial para la limpieza celular.
Y, por último, no se debe sacrificar el sueño por el café. La idea de que dormir es una pérdida de tiempo es uno de los mitos más dañinos de la cultura moderna. Durante el sueño, el cuerpo regenera tejidos, limpia el cerebro de toxinas y regula procesos hormonales clave. La regla de oro después del verano: dormir entre 7 y 9 horas de calidad, evitando pantallas antes de acostarse y cenas pesadas que puedan alterar el descanso nocturno.












