
Para Angy Fernández han llegado tiempos realmente difíciles. La artista, que preparaba con gran entusiasmo su participación en un proyecto especial y prometedor junto a Antonio Banderas, compartió en sus redes sociales la noticia de un duro golpe del destino. La cantante y actriz relató que justo cuando empezaba a recuperar la esperanza y la alegría de vivir, todo se truncó a causa de un accidente. Prefirió no revelar los detalles de lo sucedido.
Fue un verdadero impacto para ella. La mallorquina, que anteriormente había hablado abiertamente sobre sus problemas de salud mental e incluso sobre pensamientos suicidas, atravesaba meses difíciles tras una ruptura sentimental. Y cuando parecía que la mala racha quedaba atrás, ocurrió lo inesperado. Contó a sus seguidores que sufrió la rotura del ligamento cruzado y una grave lesión de menisco. Esta lesión, lamentablemente, le impedirá subirse al escenario como parte del elenco del musical «Godspell», cuya estreno está previsto para finales de octubre. No obstante, aseguró que no abandona definitivamente la producción y que seguirá «siendo parte del espectáculo, pero en otra función».
A pesar de la gravedad de la situación, Angy, quien lleva muchos años en terapia, intenta encontrar aspectos positivos. La actriz siente un gran respaldo y cuidado por parte de sus colegas. Considera que, incluso en esta desgracia, ha tenido la suerte de estar rodeada de personas maravillosas cuyo apoyo nunca olvidará. Fernández trata de creer que todo lo que sucede tiene algún sentido. Habla de la importancia de detenerse, respirar, confiar en el proceso y armarse de paciencia, recalcando que a veces una pausa es también un paso adelante. Promete regresar más fuerte y sin perder el entusiasmo que la caracteriza.
Sin embargo, no puede ocultar su desesperación ante la cruel ironía del destino, que la golpeó en pleno trabajo sobre un proyecto tan importante. Tras meses de depresión, había vuelto a sentir una energía increíble, estaba feliz, llena de vitalidad y disfrutando de su pasión. Y de repente, sucedió esto. La pregunta principal que la atormenta es: «¿Por qué?». En plena recuperación, Angy confiesa que le gustaría que todo esto fuera solo una pesadilla, de la que pudiera despertar para volver a los ensayos, bailar y reír con sus compañeros en la atmósfera única del teatro. También lamenta que su lesión haya interrumpido el trabajo cuidadosamente organizado a tan solo dos semanas del estreno. Le duele haber fallado a su equipo, haberlos preocupado y alterado los planes. Lo que más le duele es aceptar que no podrá salir cada noche al escenario, cantar y contar esta historia al público.
Para concluir, compartió la profundidad de su tristeza. El teatro la hace tan feliz que le resulta imposible expresar con palabras el dolor que siente en este momento. Entiende que en la vida hay cosas peores, pero no puede contener sus emociones. La tristeza y la rabia la inundan, y lo único que le queda es aceptar lo ocurrido. «No entiendo esto, pero tengo que pasar por ello», escribe, sugiriendo que a veces la vida nos obliga a hacer una pausa. Y aunque duela, intentará creer que no es el final, sino solo una pausa temporal.











