
La esquizofrenia es, sin duda, uno de los trastornos mentales más complejos y, lamentablemente, estigmatizados. Transforma de manera profunda el pensamiento, las emociones y el comportamiento de una persona, distorsionando su conexión con la realidad. Quienes viven con esta enfermedad pueden experimentar alucinaciones, sufrir ideas delirantes y enfrentar dificultades en la comunicación, lo que afecta seriamente su vida cotidiana y sus relaciones cercanas. Más allá de los síntomas médicos, la esquizofrenia representa un reto para toda la sociedad: aprender a comprenderla sin prejuicios y brindar apoyo empático a quienes la padecen. Para profundizar en este complejo tema, contamos con el apoyo de la psicóloga Estrella González de la clínica López Ibor.
De la ilusión a la realidad: ¿qué son los síntomas psicóticos?
Para comprender la naturaleza de la esquizofrenia, primero es fundamental entender el concepto de síntomas psicóticos, que constituyen su base. Esencialmente, se trata de alteraciones en la percepción del mundo que nos rodea. Una persona puede empezar a ver u oír cosas que no existen (alucinaciones), o estar firmemente convencida de ideas sin fundamento alguno (delirios). Su pensamiento y comportamiento pueden volverse caóticos. Es importante tener en cuenta que estas manifestaciones, aunque pueden resultar alarmantes, no siempre indican esquizofrenia y a veces son temporales, apareciendo en diferentes situaciones. Por ello, una evaluación médica rigurosa es absolutamente necesaria.
Los síntomas suelen agruparse en varias categorías. Los llamados síntomas «positivos» son alteraciones o excesos de las funciones normales. Aquí se incluyen alucinaciones auditivas (las más comunes), ideas delirantes (como manía de persecución o de grandeza), así como habla y comportamiento desorganizados, hasta llegar a la catatonía: posturas extrañas o rigidez muscular. Los síntomas «negativos», por el contrario, implican el debilitamiento o la pérdida de funciones habituales: aplanamiento afectivo, cuando las expresiones faciales y los gestos se vuelven pobres, empobrecimiento del discurso, incapacidad para disfrutar de la vida y una disminución marcada de la motivación para cualquier actividad. Además, existen trastornos cognitivos: problemas de memoria, atención y velocidad de procesamiento de la información, que dificultan seriamente la vida cotidiana.
Cuándo y por qué: edad, riesgos y primeras señales de alerta
Por lo general, los primeros síntomas aparecen entre la adolescencia tardía y la adultez temprana, aproximadamente entre los 18 y 35 años, y tienden a manifestarse antes en hombres que en mujeres. Aunque es poco frecuente, la esquizofrenia puede comenzar en la infancia o, por el contrario, en la vejez. En los niños, sus síntomas pueden confundirse fácilmente con los trastornos del espectro autista o el TDAH, y en personas mayores, con la demencia. Esto dificulta notablemente el diagnóstico fuera del rango típico de edad.
Las causas del desarrollo de la esquizofrenia son múltiples. No se puede señalar un solo factor, lo que ayuda a aliviar el sentimiento de culpa tanto de los propios pacientes como de sus familias. Los especialistas hablan de una combinación de predisposición genética, alteraciones neuroquímicas en el cerebro (relacionadas con la dopamina y el glutamato), estrés psicosocial intenso, traumas vividos e incluso el consumo de sustancias psicoactivas, especialmente el cannabis. Anteriormente, se solían distinguir diferentes tipos de esquizofrenia: paranoide, catatónica y otras. Sin embargo, hoy en día la comunidad científica prefiere hablar de “trastornos del espectro esquizofrénico”, reconociendo que las manifestaciones de la enfermedad son muy variadas y no siempre encajan en categorías estrictas.
Los primeros síntomas no siempre resultan alarmantes. La persona puede comenzar simplemente a distanciarse de amigos y familiares, parecer confundida y mostrar un pensamiento más rígido. Más adelante surgen signos más evidentes. Antes del inicio de un episodio psicótico agudo, suelen aparecer las llamadas señales prodrómicas: aislamiento social, disminución del rendimiento académico, ideas extrañas, ansiedad e irritabilidad. Es fundamental aprender a reconocer esas “señales” individuales para poder intervenir a tiempo e intentar frenar el desarrollo de la crisis.
Diagnóstico y vida con el diagnóstico: desafíos y apoyo
No existe una prueba única para detectar la esquizofrenia. El diagnóstico se basa en la observación prolongada, conversaciones detalladas con el paciente y la exclusión de otras posibles causas, como enfermedades somáticas o el consumo de drogas. Según los manuales diagnósticos, para establecer este diagnóstico se requiere la presencia de síntomas característicos durante un período determinado, lo que dificulta la detección precoz, especialmente tras un primer episodio psicótico.
Vivir con este diagnóstico implica numerosas dificultades. El delirio paranoide genera una extrema desconfianza y dificulta confiar en los demás. Esto, sumado a la inseguridad personal y la estigmatización social, complica considerablemente la formación de cualquier tipo de relación, tanto laborales como personales. Muchas personas con este diagnóstico enfrentan aislamiento y problemas para atender sus propias necesidades. Sin embargo, con el apoyo adecuado y la psicoeducación, que ayuda a superar la autoestigmatización, su calidad de vida puede mejorar notablemente.
Mirando al futuro: nuevos horizontes en el tratamiento y la comprensión
Por fortuna, la ciencia avanza constantemente. Los enfoques actuales de tratamiento son cada vez más personalizados. Además de los fármacos, se emplean activamente intervenciones psicosociales y terapias cognitivas que ayudan a manejar los síntomas y adaptarse mejor a la vida cotidiana. Los científicos comprenden con mayor profundidad el papel de los neurotransmisores, identifican factores genéticos y desarrollan nuevos antipsicóticos con menos efectos secundarios.
Uno de los campos más apasionantes ha sido el trabajo con la cognición social: la capacidad de comprender las emociones y las intenciones de otras personas, que suele estar alterada en la esquizofrenia. Aquí entran en juego tecnologías innovadoras, como los entrenamientos en realidad virtual. En un entorno seguro, los pacientes pueden practicar habilidades sociales: identificar expresiones faciales o tomar decisiones en diálogos. Estos métodos no solo mejoran la comunicación, sino que también pueden reducir la intensidad de algunos síntomas. Estos avances, junto con la creciente atención social a la salud mental, abren la puerta a un futuro en el que las personas con esquizofrenia puedan sentirse más comprendidas e integradas en la sociedad.












