
Cada año, las enfermedades neurodegenerativas que provocan la muerte de las células cerebrales causan la muerte de casi dos millones de personas en todo el mundo. El Alzheimer, la forma más común de demencia, suele diagnosticarse en personas mayores de 65 años y se desarrolla de manera progresiva, deteriorando gradualmente las funciones cognitivas.
Un equipo internacional de científicos de la Universidad Nacional de Singapur, liderado por Wei Yu Chua y Eng-King Tan, realizó un extenso análisis para determinar cómo las infecciones graves que requieren hospitalización afectan la probabilidad de desarrollar demencia. En el estudio se analizaron datos de más de cuatro millones de pacientes de diferentes países, incluidos Reino Unido, Estados Unidos, Finlandia, Taiwán, Nueva Zelanda y varios estados europeos.
Los resultados resultaron alarmantes: en personas que habían sufrido enfermedades infecciosas que requirieron hospitalización, el riesgo de desarrollar cualquier tipo de demencia aumentaba en un 83% en comparación con quienes no ingresaron en el hospital por estos motivos. El mayor impacto se observó en el caso de sepsis, neumonía, infecciones del tracto urinario, así como infecciones de la piel y tejidos blandos.
El efecto de las diferentes infecciones en el cerebro
La sepsis incrementaba el riesgo de demencia en un 78%, la neumonía en un 69%, las infecciones urinarias en un 57% y las lesiones de piel y tejidos blandos en un 42%. Además, la demencia vascular era casi cuatro veces más frecuente entre pacientes que habían superado infecciones graves, mientras que el riesgo de Alzheimer aumentaba una vez y media.
Los científicos explican que los procesos infecciosos provocan inflamación y daño vascular, alterando la barrera protectora entre la sangre y el cerebro. Como resultado, moléculas inflamatorias y patógenos pueden penetrar en el tejido cerebral, acelerando la acumulación de proteínas asociadas con el desarrollo del Alzheimer. En el caso de la demencia vascular, la infección daña los pequeños vasos sanguíneos, lo que conduce a un deterioro del suministro sanguíneo cerebral.
Los primeros meses tras la hospitalización son un periodo crítico
Los investigadores recomiendan prestar especial atención a los pacientes mayores de 60 años que han superado infecciones graves. El mayor riesgo de deterioro cognitivo se observa durante el primer año tras el alta hospitalaria. En este tiempo, es fundamental controlar regularmente la memoria y el pensamiento para detectar a tiempo posibles cambios.
Para reducir la probabilidad de desarrollar demencia, los especialistas aconsejan implementar programas de monitoreo cognitivo temprano, controlar los procesos inflamatorios, mantener la salud cardiovascular y vacunarse oportunamente contra infecciones respiratorias.
Prevención y consecuencias a largo plazo
Las secuelas de las infecciones pueden persistir durante muchos años, por lo que la prevención se convierte en un elemento clave en la lucha contra la demencia. Los médicos subrayan que no se debe considerar una enfermedad infecciosa solo como un malestar temporal: pueden acelerar el envejecimiento cerebral y desencadenar procesos irreversibles.
La detección temprana de alteraciones cognitivas y un enfoque integral en el tratamiento de infecciones ayudan a reducir los riesgos para los pacientes de edad avanzada. Es importante recordar que, incluso después de una recuperación completa de la infección, el cerebro puede seguir siendo vulnerable al desarrollo de cambios neurodegenerativos.
A propósito: ¿quiénes son Wei Yu Chua y Eng-King Tan?
Por cierto, Wei Yu Chua y Eng-King Tan son reconocidos expertos en neurología y enfermedades neurodegenerativas. Ambos trabajan en la Universidad Nacional de Singapur, uno de los centros de investigación más importantes de Asia. Eng-King Tan es conocido por sus estudios sobre los mecanismos del envejecimiento cerebral y la prevención de la demencia. Bajo su dirección, se han llevado a cabo grandes proyectos internacionales enfocados en el diagnóstico precoz de la enfermedad de Alzheimer. Wei Yu Chua se especializa en el análisis de grandes volúmenes de datos médicos y en el desarrollo de nuevos métodos para monitorear la salud cognitiva. Sus investigaciones conjuntas han sido reconocidas en la comunidad científica y destacadas en conferencias internacionales. Gracias a su aportación, las estrategias de prevención y tratamiento de la demencia son cada vez más eficaces y basadas en la ciencia.











