
La época en la que bastaba con contar meticulosamente las calorías para perder peso parece estar quedando atrás de forma irreversible. Cada vez más personas en España y en todo el mundo comprenden que las dietas estrictas y el ejercicio excesivo no conducen a ningún lado y suelen acabar en recaídas y frustraciones. Sin embargo, en la búsqueda de un enfoque saludable hacia nuestro cuerpo, solemos pasar por alto un aspecto fundamental. Existe un director invisible de nuestro metabolismo que rara vez recibe la atención que merece, aunque precisamente él podría ser la clave para entender por qué algunas personas logran mantener su forma sin esfuerzos titánicos y otras no.
Se trata de las proteínas que nuestro propio organismo produce. Estos compuestos son verdaderos “sanitarios” moleculares, cuya función principal es mantener el orden dentro de las células. Se les puede considerar enzimas antioxidantes. Actúan como escudos microscópicos, neutralizando partículas agresivas conocidas como radicales libres. Cuando hay suficientes de estos protectores, los procesos internos se desarrollan sin problemas; pero si faltan, el sistema cae en el caos, lo que afecta directamente nuestro peso y bienestar.
La influencia de estos defensores internos en el cuerpo es multifacética. En primer lugar, reducen el nivel de inflamación sistémica, lo que previene la acumulación del tipo de grasa más peligrosa: la que envuelve los órganos internos y provoca hipertensión y enfermedades cardiovasculares. En segundo lugar, mejoran la sensibilidad de las células a la insulina. Esto significa que la glucosa proveniente de los alimentos tiene más probabilidades de convertirse en energía para la vida y no almacenarse como reserva. El cuerpo comienza a utilizar de manera más activa sus propias reservas de grasa como combustible. Finalmente, aceleran directamente el metabolismo, aumentando la cantidad de calorías que se queman en reposo. Precisamente el equilibrio de estas enzimas determina si el organismo acumulará el exceso con facilidad o lo quemará de manera eficiente.
Desafortunadamente, no existe una pastilla mágica que pueda aumentar las reservas de estas valiosas proteínas. Pero hay una buena noticia: podemos estimular a nuestro organismo a producirlas en mayor cantidad a través de un estilo de vida adecuado. La alimentación rica en polifenoles juega un papel clave; se encuentran en abundancia en las frutas rojas, el té verde y el cacao natural. Los minerales no son menos importantes: zinc, cobre, selenio y magnesio, que se pueden obtener de frutos secos, semillas, legumbres, mariscos y cereales integrales. Por supuesto, la producción de antioxidantes internos se ve obstaculizada por malos hábitos como fumar, el abuso del alcohol y el consumo excesivo de productos ultraprocesados.
La actividad física regular pero moderada y un sueño nocturno de calidad también desempeñan un papel fundamental, ya que es durante el descanso cuando se llevan a cabo los procesos de «reparación» más importantes en el organismo. Por el contrario, una mala alimentación, la falta crónica de sueño y un estilo de vida sedentario provocan una reacción en cadena de estrés oxidativo, anulando todos los esfuerzos de control de peso. Crear un entorno interno favorable para el funcionamiento de las enzimas antioxidantes no es magia, sino un enfoque consciente de la salud. Se trata de establecer las condiciones ideales para que el cuerpo pueda regular el peso de manera eficaz por sí mismo.











