
Una noche común para la influencer y empresaria Violeta Mangriñán se transformó en una auténtica pesadilla que la hizo temer realmente por su vida. Al subir las escaleras en su casa, de repente notó que su ojo derecho dejó de ver. Casi de inmediato, sintió un dolor de cabeza tan intenso que, según sus propias palabras, era imposible de describir. La situación empeoró con náuseas y vómitos provocados por un dolor insoportable, y cualquier intento de abrir los ojos solo causaba más sufrimiento debido a la aguda sensibilidad a la luz. Aterrorizada, estaba convencida de que le estaba ocurriendo algo irreparable. Una fotografía desde la habitación del hospital, donde aparece conectada a un gotero, evidenciaba la gravedad de su estado.
Tras el examen, los médicos le diagnosticaron migraña con aura. Este diagnóstico fue una completa sorpresa para ella. Al día siguiente, Violeta optó por mantener la máxima calma, cancelando todos sus compromisos para recuperarse de la noche en vela y el estrés vivido. Al tomar los medicamentos recetados, su estado mejoró notablemente. Lo que más le impresionó fue la gran cantidad de seguidores que respondieron a su historia, compartiendo sus propias experiencias luchando contra episodios similares. Resultó que no estaba sola en su problema.
¿En qué consiste esta condición? Los especialistas en neurología explican que la migraña es una enfermedad común y muy debilitante que afecta aproximadamente al 13% de la población. Los pacientes suelen dividirse en dos grupos: quienes experimentan migrañas con aura y quienes no. Alrededor del 30% de las personas con migraña pertenecen al primer grupo. Sus episodios, además de un dolor intenso, se acompañan de diversas manifestaciones neurológicas. Lo más frecuente son alteraciones visuales, como visión borrosa, destellos brillantes o luces en movimiento. Sin embargo, el aura también puede presentarse como trastornos sensoriales o incluso dificultades en el habla. Por lo general, estos síntomas aparecen poco antes de que comience el dolor de cabeza y duran menos de una hora. La causa suele ser una alteración temporal en el funcionamiento de las neuronas en áreas específicas de la corteza cerebral.
El enfoque para tratar la migraña con aura presenta particularidades. Los médicos señalan que no existe ningún fármaco capaz de detener un aura una vez que ha comenzado. Por ello, la terapia se centra principalmente en la prevención. A los pacientes con episodios frecuentes o prolongados se les puede prescribir medicación preventiva de forma continua para reducir la frecuencia de los ataques. Además, las personas con este diagnóstico deben prestar especial atención a su salud en general. Se considera que tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedades vasculares. Se recomienda encarecidamente controlar estrictamente factores como la presión arterial, los niveles de colesterol y abandonar el tabaquismo. También se aconseja a las mujeres evitar los anticonceptivos orales, ya que pueden aumentar aún más el riesgo vascular.
Al igual que con la migraña común, los episodios con aura pueden ser provocados por ciertos factores. Entre los desencadenantes más frecuentes se encuentran la alteración del ritmo diario, la falta o el exceso de sueño y la exposición a la luz intensa. Una de las principales preocupaciones de los pacientes durante el primer episodio es el temor a estar sufriendo un ictus. Los neurólogos tranquilizan: la diferencia clave entre el aura y el ictus es la aparición gradual de los síntomas. No surgen de forma repentina, sino que se desarrollan poco a poco, uno tras otro. Normalmente, todo comienza con alteraciones visuales que se van intensificando y pueden ir acompañadas, por ejemplo, de hormigueo o entumecimiento en una parte del cuerpo. Además, los efectos visuales rara vez se limitan a la simple pérdida de visión; con mayor frecuencia las personas describen líneas brillantes, zigzags y puntos luminosos.
El diagnóstico de esta condición se basa en el cuadro clínico y en criterios claramente establecidos. Si los episodios de aura son típicos y se repiten sin cambios, generalmente no se requieren estudios adicionales. En casos dudosos, puede indicarse una resonancia magnética cerebral para descartar otras patologías. Aunque el aura en sí misma no representa una amenaza directa, puede afectar gravemente la calidad de vida, dejando a la persona temporalmente incapacitada, dificultando ver, comprender el habla o hablar. Por ello, es fundamental acudir al médico a tiempo y seleccionar la terapia adecuada.












