
Durante tres semanas, la redacción probó el Citroën C3 con motor de gasolina 1.2 turbo de 100 CV y caja de cambios manual de seis velocidades. Esta versión es considerada la más accesible de la gama y está pensada para quienes buscan un coche urbano económico y práctico, sin complejas tecnologías híbridas.
El C3 destaca por su tamaño compacto y un diseño juvenil. En la versión Max probada, el vehículo cuenta con llantas de aleación de 17 pulgadas, ópticas LED, techo bicolor, climatizador automático, cámara de visión trasera y una pantalla táctil de 10,25 pulgadas. Este conjunto de opciones es poco habitual en este rango de precios. El precio base parte de 15.940 euros, mientras que la versión Max asciende a 20.250 euros. La relación entre precio y equipamiento resulta equilibrada.
A pesar de sus dimensiones contenidas (4,01 m de largo), el interior está diseñado para cuatro adultos y el maletero es adecuado para viajes cortos. Predominan materiales sencillos, característicos de las versiones de entrada, aunque la calidad de los acabados no genera objeciones. El espacio es suficiente y la posición de conducción resulta cómoda para los trayectos diarios.
La suspensión del C3 ofrece una conducción suave incluso en calles urbanas irregulares. El coche absorbe bien las imperfecciones del asfalto, lo que favorece el confort. Sin embargo, la ergonomía del puesto de conducción necesita mejoras: los asientos resultan duros y planos, y el ajuste del volante es limitado, algo especialmente notable en trayectos largos.
Durante la prueba, el coche registró un consumo medio de combustible de aproximadamente 5,5 litros cada 100 km. Con una conducción tranquila, se logró un consumo de 3,8 litros, lo que teóricamente permite recorrer más de 1.100 km con un solo depósito de 44 litros. En condiciones reales, la autonomía es de 600 a 700 km.
El motor de tres cilindros ofrece una dinámica suficiente tanto en ciudad como en carretera, y la caja manual de seis velocidades funciona con precisión. El modelo no destaca por su carácter deportivo, pero la maniobrabilidad y la estabilidad están a la altura de lo que se espera de un coche urbano.
Tras un uso prolongado, el Citroën C3 con motor de gasolina deja la impresión de ser un coche honesto y práctico. No pretende parecer premium, pero cumple plenamente con el propósito para el que fue diseñado. Es una opción sensata para quienes valoran la economía, la facilidad de mantenimiento y el tradicional confort de la marca francesa, a pesar de algunos compromisos en la ergonomía.











