
En España, muchos conductores se encuentran regularmente con resaltos artificiales colocados en las entradas y salidas de los núcleos urbanos, así como cerca de instalaciones importantes. Su objetivo principal es obligar a los vehículos a reducir la velocidad, garantizando así la seguridad vial.
Un mecánico conocido en las redes sociales señala que, si el conductor reduce la velocidad suavemente antes del resalto y luego acelera progresivamente, no surgirán problemas graves con el vehículo. Las suspensiones modernas están diseñadas para funcionar de forma continua, ya que incluso durante la conducción habitual soportan cargas por la aceleración y el frenado.
Al pasar por este tipo de obstáculos, la mayor carga recae sobre la suspensión, que se comprime y se estira en el momento de contacto con el resalto. Si el conductor actúa con precaución, las partes del vehículo no sufren un desgaste excesivo. Sin embargo, existen algunas estructuras que pueden golpear el fondo del coche, lo que realmente podría provocar daños.
La mayoría de los resaltos plásticos estándar, fijados con pernos, cumplen con las normativas establecidas y no representan un peligro si se atraviesan correctamente. Los especialistas recomiendan evitar frenazos y aceleraciones bruscas para no generar un esfuerzo adicional sobre los mecanismos.
Si un conductor detecta un obstáculo que, a su juicio, no cumple con los requisitos, puede presentar una reclamación ante la administración municipal. También es posible enviar una solicitud a la Dirección General de Tráfico adjuntando fotos o vídeos que demuestren la infracción. En los casos en que la instalación de una irregularidad pueda provocar un accidente o infringir la ley, el asunto se remite a la fiscalía competente en materia de seguridad vial.












