
La estructura de cualquier automóvil incluye numerosos componentes que garantizan su funcionamiento estable. Uno de estos elementos es la correa de servicio, también conocida como correa auxiliar o de accesorios. Su función es transmitir el movimiento del cigüeñal a varios agregados adicionales del motor.
La correa de servicio acciona elementos como el alternador, encargado de cargar la batería, la bomba de la dirección asistida, el compresor del aire acondicionado y, en algunos modelos, la bomba de agua, si no está impulsada por la correa de distribución. Este elemento se puede distinguir por su forma característica: es larga, plana, con canales longitudinales en un lado, y está fabricada de goma reforzada para mayor resistencia y durabilidad.
Las causas que provocan el fallo de la correa de servicio son diversas. Lo más frecuente es el desgaste natural: con el tiempo, el caucho pierde elasticidad y aparecen grietas. Una tensión incorrecta también acelera el deterioro: si la correa está demasiado tensa, envejece más rápido, y si está floja, puede salirse de las poleas, lo que ocasiona sobrecalentamiento y daños. El estado de los rodamientos y poleas también influye en la vida útil: su mal funcionamiento genera un trabajo irregular y desgaste prematuro. El contacto con líquidos del motor, como aceite o anticongelante, así como la exposición a altas temperaturas, especialmente el calor, afectan negativamente al caucho. En clima frío, las grietas pueden llevar a una rotura. Los errores durante la instalación provocan un funcionamiento incorrecto y avería de la pieza.
El coste de la sustitución depende del tipo de vehículo, la complejidad del trabajo y la necesidad de cambiar elementos relacionados. El precio de la propia correa suele estar entre 20 y 60 euros; el kit con rodillos, entre 60 y 100 euros; y la mano de obra, de 40 a 120 euros. En promedio, el coste total puede variar entre 100 y 250 euros.
Se recomienda realizar el cambio programado de la correa de servicio cada 60.000-100.000 kilómetros o cada 4-6 años, según las indicaciones del fabricante. Sin embargo, estos plazos pueden variar dependiendo de las condiciones de uso, la calidad de la pieza y el estado general del vehículo. El uso de materiales más duraderos reduce el riesgo de una rotura inesperada, que podría dejar el coche inmovilizado y dañar otros componentes, como el alternador o la dirección asistida. Las inspecciones periódicas y el reemplazo preventivo ante los primeros signos de desgaste ayudan a evitar problemas graves.
La correa de servicio se diferencia de la correa de distribución en varios aspectos. Está ubicada en el exterior del motor y es fácil de inspeccionar, mientras que la correa de distribución se encuentra oculta bajo una cubierta protectora. La correa de servicio impulsa los sistemas auxiliares, mientras que la de distribución sincroniza el movimiento de las válvulas y los pistones. En caso de rotura de la correa de servicio, dejan de funcionar los sistemas adicionales, y si se rompe la correa de distribución, pueden producirse daños graves en el motor. Los materiales de fabricación también difieren: la correa de servicio tiene ranuras longitudinales y la de distribución presenta una superficie dentada.












