
En pleno corazón de España, a tan solo unas horas en coche del bullicio de Madrid, se encuentra uno de los enclaves naturales más impresionantes y, al mismo tiempo, menos conocidos del país. Recientemente, este rincón único celebró su 25º aniversario con una serie de actos y rutas organizadas que reunieron a vecinos, turistas y amantes de la naturaleza para conmemorar un cuarto de siglo de trabajo dedicado a la preservación de la biodiversidad y al impulso del desarrollo sostenible en las zonas rurales.
Se trata del Parque Natural del Alto Tajo, cuya extensión supera las 100.000 hectáreas y abarca territorios de 44 municipios en las provincias de Guadalajara y Cuenca. Desde su creación en 1999, esta zona protegida se ha convertido en un modelo ejemplar de gestión de los recursos naturales y en un verdadero motor para una de las regiones menos pobladas de España, luchando activamente contra la despoblación.
La arteria principal del parque es el río Tajo, que durante milenios ha excavado su camino entre las rocas calizas, dando lugar a un paisaje sobrecogedor. Sus impresionantes cañones y desfiladeros, que en algunos puntos alcanzan los 200 metros de profundidad, conforman uno de los sistemas geológicos más extensos y valiosos de toda Europa. Estas monumentales paredes sirven de hogar a numerosas especies, entre ellas aves rapaces poco comunes, cuya población ha aumentado notablemente en las últimas décadas.
Durante los actos conmemorativos, la dirección del parque destacó especialmente el inestimable aporte de las comunidades locales. Según el director Ángel Vela, fue precisamente su participación activa lo que permitió lograr un delicado equilibrio entre la necesidad de conservar la naturaleza y el uso racional de sus recursos. Señaló que los indicadores del estado de los ecosistemas muestran una mejora significativa en comparación con décadas anteriores, como lo evidencia el aumento de las poblaciones de aves rapaces y otras especies endémicas. Esta simbiosis entre el turismo, la protección del medio ambiente y el desarrollo rural convierte a Alto Tajo en un referente nacional en ecoturismo.
Además de su riqueza natural, el parque se ha convertido en un escenario para la realización de proyectos conjuntos innovadores. Entre ellos destacan la recuperación de antiguas minas de caolín en Peñalén y la creación de un sistema de gestión compartida de aparcamientos en las zonas turísticas más visitadas, como el Cañón del Tajo. Estas iniciativas no solo generan empleo local, sino que también ayudan a organizar el flujo de visitantes, garantizando que la creciente popularidad de este destino no altere su frágil equilibrio ecológico.
Para la comodidad de los visitantes, el recinto cuenta con una amplia red de centros de información. Los visitantes pueden acudir al centro en Corduente, al Museo de la Ganadería en Checa, así como a las oficinas en Orea, Peralejos de las Truchas, Ocentejo y al centro principal “Río Tajo” en Zaorejas. Todo esto refuerza el estatus de Alto Tajo como un destino imprescindible para quienes buscan conectar con la naturaleza salvaje y virgen. Al celebrar su 25 aniversario, el parque reafirma su compromiso con la conservación, la participación ciudadana y el desarrollo sostenible. Sus paisajes impresionantes, la biodiversidad única y el esfuerzo de quienes lo protegen hacen de este lugar un auténtico tesoro que invita a descubrir la esencia más salvaje de Castilla-La Mancha.












