
A solo una hora de la agitación de Madrid, en pleno corazón de la llanura castellana, la naturaleza ha creado un auténtico milagro oculto para la mayoría de los turistas. Este lugar es una escapada ideal de un día para quienes buscan tranquilidad, paisajes impresionantes y una actividad física asequible. Se trata de un sendero que conduce al desfiladero de Risco de Valdeprados, en la provincia de Segovia, y que ofrece a los viajeros mucho más que un simple paseo al aire libre. Es un verdadero viaje por la historia geológica de la región, donde el tiempo parece haberse detenido.
La principal joya de este recorrido es, sin duda, el propio cañón. Imagínese un estrecho pasaje de unos trescientos metros de longitud, cuyas paredes se elevan hasta cuarenta metros. Estos acantilados verticales, pulidos por el río Moros durante millones de años, cuentan la antigua historia de la tierra. Aquí, los estratos geológicos quedan al descubierto, mostrando una curiosa mezcla de gneis paleozoico y calizas cretácicas. Desde los puntos más altos del sendero, que funcionan como miradores naturales, se aprecian panorámicas impresionantes. La vista recorre el valle, topándose con los contornos lejanos de la Sierra del Quintanar y la inmensa llanura, generando una auténtica sensación de vuelo y libertad.
El propio sendero peatonal, que comienza en el encantador pueblo de Valdeprados, tiene una longitud de unos cinco kilómetros y medio. No requiere preparación especial gracias a su suave desnivel, lo que lo hace adecuado para personas de cualquier edad y condición física. El recorrido serpentea entre encinas perennes, aromáticos matorrales de tomillo y vegetación de ribera, creando un ambiente acogedor y en constante cambio. Aunque el paseo es agradable en cualquier época del año, es en primavera y otoño cuando estos parajes se transforman. La naturaleza estalla en colores vivos, convirtiendo el paisaje en un lienzo impresionista y haciendo cada paso verdaderamente inolvidable.
Además de la espectacular garganta, el recorrido está lleno de otros detalles interesantes. En el camino se encuentra un puente sobre el río Moros, así como los restos del llamado Puente Viejo, del que sólo quedan sus macizos pilares de piedra, mudos testigos de épocas pasadas. Cerca de allí se pueden observar las ruinas de un viejo molino, que recuerdan la importante función que estas aguas desempeñaron en la vida de la población local. Todo este territorio forma parte de una Zona de Especial Protección para las Aves. Si levantas la vista, puedes ver rapaces flotando en el cielo: águila real, milano rojo o culebrera europea. Presenciar su vuelo libre sobre los riscos es una experiencia única.
La ruta circular concluye con el regreso a Valdeprados. Este pequeño pueblo es el lugar ideal para descansar tras varias horas de caminata. Aquí uno puede recuperar fuerzas, compartir experiencias y disfrutar de la tranquilidad del interior de Castilla, llevándose no solo bonitas fotografías, sino también la sensación de una profunda conexión con la naturaleza y la historia de este rincón de España.












