
En pleno corazón del Parque Nacional de los Picos de Europa, en Cantabria, se encuentra una ruta convertida en leyenda para los alpinistas: la Vía Maraya. Trazada por la pared de la Torre de los Horcados Rojos, es considerada una de las ascensiones más emblemáticas y deseadas de la región. No es simplemente una sucesión de pasos técnicos, sino parte de la historia de la escalada española, que combina dificultad, belleza y un espíritu innovador.
La ruta fue abierta en 1967 gracias a los esfuerzos de José Rubio y Javier Sáenz. En aquel momento, su enfoque resultó revolucionario. Hasta entonces, se pensaba que las paredes verticales del macizo central solo podían ser superadas haciendo un uso intensivo de equipamiento fijo. Sin embargo, los aperturistas demostraron un estilo diferente: buscaron las debilidades naturales del relieve rocoso y probaron que era posible escalar en libre, manteniendo elegancia y seguridad. Este acontecimiento cambió la filosofía de las ascensiones en los Picos de Europa y sirvió de inspiración para toda una generación de escaladores.
La Vía Maraya cuenta con una longitud aproximada de 200 metros y una dificultad máxima de 6a. El recorrido exige concentración desde el primer momento. Ya en la primera sección es necesario superar un paso clave para salir a un potente diedro interno. La verticalidad acompaña a los escaladores durante toda la vía, transmitiendo una sensación constante de tensión y de altura. Cada metro requiere atención absoluta, sin margen para el error.
Uno de los momentos más memorables es el travesía en la tercera sección. Permite sortear las rocas salientes mediante un trabajo técnico de pies sobre la roca abrasiva. A pesar de la dificultad, la solidez de la pared transmite seguridad. Es aquí donde la sensación de vacío bajo los pies se combina con la increíble belleza del paisaje, brindando a los alpinistas una experiencia inolvidable.
Los escaladores que han recorrido la ruta la describen como una “clásica moderna”, destacando la alta calidad y adherencia de la roca compacta, así como la lógica de la línea. No es de extrañar que Vía Maraya se haya convertido en una de las rutas más populares del macizo central. Muchos la utilizan como preparación antes de desafíos mayores, como la cara oeste del pico Naranjo de Bulnes (Naranjo de Bulnes) o la pared sur de Peña Santa (Peña Santa).
La ascensión culmina con una fisura atlética, que a pesar de su dificultad, recompensa a los alpinistas con uno de los panoramas más impresionantes de los Picos de Europa. Desde la cumbre se contempla una vista inigualable del valle y las cumbres vecinas, que justifica plenamente todo el esfuerzo invertido.
Al planificar el ascenso, hay que tener en cuenta que el acceso al inicio de la ruta comienza desde la estación superior del teleférico de Fuente Dé y lleva aproximadamente 1 hora y 45 minutos. La subida en sí dura unas cuatro horas, y el descenso toma otros treinta minutos aproximadamente. La ruta requiere habilidades para organizar la seguridad de forma autónoma, aunque en algunos tramos hay anclajes y pernos fijos. Para escaladores experimentados que se desenvuelvan con soltura en el nivel 6a, esta ascensión será una experiencia intensa y valiosa.












