
Hace cinco mil años, en el territorio de la actual Francia, vivían perros cuyo tamaño cerebral podía compararse con el de las razas decorativas modernas. Un nuevo estudio paleozoológico que abarca cráneos de lobos y perros antiguos y actuales ha revelado datos inesperados: los canes del Neolítico tenían un cerebro casi dos veces menor que el de sus parientes salvajes. En algunos casos, el volumen cerebral se acercaba al de los toy terriers o incluso los chihuahuas.
Científicos de Francia, Australia, Bélgica, Hungría, Alemania, Italia y Suecia realizaron un exhaustivo análisis de los endocastros, las cavidades internas del cráneo donde se aloja el cerebro. El estudio abarcó tanto lobos y perros de distintas razas actuales como restos de animales hallados en yacimientos arqueológicos europeos. Se prestó especial atención a los cráneos descubiertos en el asentamiento neolítico de Chalain, en el este de Francia.
Los resultados fueron sorprendentes: los perros hallados en Chalain tenían un volumen cerebral un 47% menor que los lobos que vivieron en la misma época. Siete de los ocho ejemplares analizados coincidían en este aspecto con razas como pug, spitz o cocker spaniel, mientras que uno de ellos recordaba incluso a un chihuahua o pequinés.
Domesticación y cerebro
La reducción del volumen cerebral en los animales domésticos no es un fenómeno nuevo. Los científicos han observado desde hace tiempo que las especies domesticadas suelen tener cerebros más pequeños que sus antepasados salvajes. Esto se explica porque, viviendo junto al ser humano, los animales no necesitan resolver problemas complejos, buscar alimento o defenderse de depredadores. Un cerebro grande consume mucha energía, y en cautiverio este lujo resulta innecesario.
Los perros son uno de los ejemplos más claros. En comparación con los lobos, su cerebro se redujo aproximadamente en una cuarta parte. Los investigadores creen que este proceso tuvo dos fases: primero, tras la domesticación, el volumen cerebral disminuyó bruscamente y, posteriormente, en los perros empezaron a desarrollarse áreas específicas relacionadas con las tareas que les asignaba el ser humano.
En una nueva investigación, los especialistas reconstruyeron endocastros no solo de razas actuales, sino también de animales antiguos, incluidas las llamadas “protoperros” de Goyet en Bélgica y de la cueva Baume-Trocard en Francia. Estos restos datan de hace 35.000 y 16.000 años, respectivamente.
Hallazgos arqueológicos
Un interés especial suscitaron los cráneos de perros y lobos hallados en el asentamiento de Chalain, que existió aproximadamente entre 5000 y 4500 años atrás. Se trata de un poblado lacustre donde los arqueólogos descubrieron restos de animales en muy buen estado. El análisis mostró que, con el tiempo, la longitud de los cráneos de los lobos disminuyó: de 263 mm en ejemplares del Pleistoceno a 239 mm en los lobos franceses actuales. En las “protoperros”, esta medida era aún menor, unos 229 mm.
Los perros de Shalena se caracterizaban no solo por sus cráneos cortos, sino también por sus cerebros diminutos. Medían aproximadamente 35 cm de altura a la cruz y, por la estructura de su cráneo, recordaban a los perros pastores modernos. Sin embargo, en cuanto al volumen cerebral, estaban más cerca de las razas ornamentales que de las razas de trabajo o de caza.
A modo de comparación: en las razas de trabajo actuales el volumen cerebral alcanza los 111 centímetros cúbicos, en las decorativas es de unos 60. En los dingos, esta cifra es de 93; en los perros mestizos, de 80. Los perros neolíticos de Shalena ocupan una posición intermedia entre estos grupos.
Comportamiento y papel en la sociedad
El pequeño tamaño del cerebro de los perros de Shalena puede indicar que su comportamiento era similar al de las razas pequeñas actuales. Estos animales suelen ser asustadizos, tienden a la agresividad con desconocidos, ladran mucho y no siempre responden bien al adiestramiento. Esto pone en duda su utilidad práctica para las personas de la antigüedad.
Es posible que estos perros desempeñaran otras funciones, como la de compañeros o con propósitos rituales. Llama la atención que ya en el Neolítico se practicaba la selección no solo de perros grandes, sino también de ejemplares pequeños. Al mismo tiempo, se realizaba una selección en el extremo opuesto: surgían perros gigantes capaces de proteger los rebaños de lobos.
Los paleozoologos señalan que el proceso de domesticación de los lobos comenzó aún en el Paleolítico Superior. Los restos más antiguos de perros se han encontrado en España (cueva de Erralla), Alemania (Bonn-Oberkassel) y Francia (Bom-Trocad), con una antigüedad de entre 15 y 17 mil años.
Evolución del tamaño
Los datos de la investigación muestran que, con el tiempo, lobos y perros han experimentado cambios significativos en el tamaño del cráneo y del cerebro. Mientras que en los lobos del Pleistoceno el cerebro llegaba a 154 centímetros cúbicos, en los actuales es de solo 134. En los perros, este indicador es aún más bajo, especialmente en las razas decorativas.
Los perros hallados en Châlons resultaron ser un puente entre las razas antiguas y las modernas. Sus cráneos, en longitud, son comparables a los de los perros mestizos actuales, y en cuanto al volumen cerebral, se asemejan a los ejemplares más pequeños de la familia.
Estos hallazgos obligan a replantear cómo entendemos el proceso de domesticación y selección de perros en Europa. Resulta que, ya hace cinco mil años, las personas elegían intencionadamente animales con rasgos específicos que hoy nos resultan familiares.
Por si no lo sabías, Thomas Cucchi es un destacado especialista del Museo Nacional de Historia Natural de París, quien ha dedicado su carrera al estudio de la evolución de los animales domésticos. Su equipo reúne a científicos de diversos países de Europa y Australia, expertos en arqueozoología y paleogenética. Gracias a su trabajo conjunto se han esclarecido aspectos poco conocidos de la vida de los antiguos perros y su papel en las sociedades del Neolítico.












