
La historia de amor entre Carmen Janeiro, a quien la prensa alguna vez apodó «Jesulina» por su parentesco con el famoso torero Jesulín de Ubrique, y Luis Masaveu siempre fue un misterio para el público. Su romance fue tan discreto que hasta hoy se desconocen las fechas exactas del inicio y el final de la relación. Se suele considerar que su vínculo comenzó en 2011, cuando Carmen se recuperaba de una grave lesión doméstica, y terminó en 2024. Ellos nunca ofrecieron declaraciones. La pareja cuidaba tanto su privacidad que, incluso en el funeral del patriarca de la familia Janeiro, Humberto, en agosto de 2020, los paparazzi no lograron captarlos juntos ni una sola vez.
En 2025, según la información disponible, Carmen regresó a su natal Ubrique. Decidió estar cerca de su madre, Carmen Bazán, y de sus hermanos, especialmente de Víctor, con quien mantiene, según se dice, una relación muy cercana y de confianza. Recientemente, toda la familia acudió a apoyarlo en una corrida, aunque Carmen prefirió sentarse aparte de sus familiares para evitar llamar la atención de los fotógrafos. La mujer, que en su momento probó suerte en el mundo de la moda e incluso trabajó en televisión, eligió conscientemente una vida alejada del bullicio y sigue manteniéndose fiel a ese principio. Se afirma que terminó su relación con su expareja sin reproches mutuos y conservó un excelente trato tanto con Luis como con su influyente familia asturiana, donde aún le tienen un gran aprecio.
A lo largo de los años que pasaron juntos, Carmen demostró una notable inteligencia empresarial. Invirtió acertadamente en empresas del sector del cemento, que es el ámbito tradicional de interés del clan Masaveu. Ya antes, en 2014, había incursionado en la industria de la belleza abriendo un salón de manicura. Toda su actividad, pese a su deseo de privacidad, se convertía en noticia debido a su apellido conocido; sin embargo, Carmen siempre lo aceptó con tranquilidad y trató a los periodistas con constante cortesía. Un momento clave en la pareja fue la mudanza de Luis a Lisboa, donde se dedicó al negocio familiar en el sector inmobiliario. Carmen vivió entre ambas ciudades, pero al final estos viajes y las diferentes etapas que atravesó su relación llevaron a una separación pacífica. Se conocieron en Marbella, donde ella tiene una casa y a donde regresa de vez en cuando, pero ahora cada uno sigue su propio camino.
Al hablar de la familia Masaveu, es imprescindible mencionar a su patriarca, Elías Masaveu. Se trasladó a Los Ángeles para recibir tratamiento y falleció en la ciudad californiana en mayo de 2005 a los 74 años, dejando cinco hijos. Ingeniero industrial de profesión, desde 1993 dirigió Grupo Masaveu y formó parte de los consejos de administración de Santander y Bankinter. Tras su fallecimiento, la gestión del imperio familiar pasó a su hijo Fernando, mientras que otros miembros de la familia también ocupan puestos clave en el conglomerado empresarial. Fue precisamente Fernando quien acompañó a su padre en su último viaje a Estados Unidos. Fieles a una arraigada tradición familiar, los Masaveu nunca aparecen en público ni permiten la presencia de fotógrafos ni siquiera en las grandes celebraciones familiares, manteniendo así la reputación de ser uno de los clanes más discretos y ricos de España.












